Resumen

A CAPELLA Por MAURICIO HERNÁNDEZ OLAIZ

Mauricio Hernández Olaiz, en su columna A Capella, habla sobre las promesas incumplidas de MORENA y AMLO, y la desilusión que empieza a permear entre los mexicanos

¡No tienen madre…!

No sé qué mal habremos hecho los ciudadanos de Tlaxcala para merecer a tres legislaturas en el congreso de verdad aberrantes. Además no se nos puede culpar por haberles votado, finalmente hemos sido víctimas de sus engaños, de sus eternas promesas y su falso compromiso, ¿Será?.

Han sido tres legislaturas de terror, pero la que está en funciones simplemente no tienen madre. Harto documentadas quedan las eternas omisiones a sus responsabilidades, que sería ya hasta de mal gusto volver a enumerar, pero que quedan ahí como evidencia incontrovertible de que una legislatura inferior a los dos años, con trabajadores tan huevones y tan ajenos a las responsabilidades propias de un profesional, no puede, ni debe, volver a repetirse.

Y es que con tan poco tiempo se pudo ver al desnudo los intereses de nuestra muy rancia clase política, no importa el color o sabor que quieran representar, su edad o género, todos nos han escupido a la cara, sin rubor, sin pena, todos nos demuestran que su estado solo les provoca un interés monetario, solo buscando prevalecer para mantener su asalto a las arcas.

Cuando un poder diseñado para gestionar, administrar, y sobre todo, crear y modificar  leyes que beneficien al pueblo que representan, es el primero en la fila para violentarlas nos enfrentamos a un modelo de poder irresponsable y antidemocrático.

Poco nos importa que los suplentes lleguen al congreso, no van a cambiar nada, no va a servir de nada, sin embargo, el hecho de que una y otra vez se pasen por el arco del triunfo un fallo de las autoridades judiciales, sienta un peligrosísimo precedente, pues si con algo tan banal se atreven a retar bravuconamente a otro poder constitucional, no quiero imaginar cuando exista una disposición de mayor peso y envergadura que simplemente no les calce a los que se hacen llamar legisladores.

No merecen decirse diputados, no se lo han ganado, ni se lo ganaran, por lo menos no los de la 52, incluyendo los que ahora mismo andan por la calle con su disfraz de ciudadanos comprometidos, de políticos finos y de oficio, pero que cuando han estado sentados en la curul solo la han embarrado con sus gases de ambición y hambruna de poder, siendo su elector solo un molesto vehículo, un medio para sus desastrosos fines, alguien a quien hay que darle la mano solo por la necesidad de mantener su estatus.

Desvergüenza de sacrificados tlaxcaltecas, cuyas agotadoras y mal pagadas jornadas de levantadedos merecen la recompensa de una insultante dieta que, no solo riñe con los tiempos de austeridad presupuestal decretados, sino con la agonía de tener que lidiar con un pueblo que no les merece.

Leo con atención en sus panfletos electoreros sus desvergonzadas propuestas, nada que no hayan podido hacer en el pasado, nada que un individuo profesional y verdaderamente preparado no haya cumplimentado sin mayor esfuerzo, cabildeado con oficio y gestionado con real preocupación por el desarrollo, solo párrafos de demagogia pura, de promesas más y resultados nulos, solo saliva gastada pero luego recuperada con sorbos de sus caros coñacs o whiskies, pero simulando que acompañan al pueblo con su pulque.

¿Qué hemos hecho para merecer a estos diputados?, ¿Qué hemos hecho para que ahora también sean candidatos? La respuesta es simple, nada, absolutamente nada, y en toda la extensión de la palabra, pues mientras ellos con gran celeridad aprueban medidas tan clasistas y patéticas como el nuevo ingreso al congreso, nosotros ni nos enteramos, y si lo hacemos, no le damos relevancia alguna, si no sacamos nada a cambio simplemente miramos para otro lado, en el mejor de los casos solo nos quejamos, pero con esa queja estéril y sin sentido.

Nuestros diputados no tienen madre, solo cuenta de banco, pero tampoco como ciudadanos nos merecemos algo mejor, y la mejor muestra de ello se verá el próximo 2 de julio, cuando el resultado de nuestro voto  refleje lo patético de nuestro andar y nuestro poco  sentido de la responsabilidad política.

Es cierto, ellos no van a cambiar sino lo hacemos nosotros primero, pero ¿Cuándo será eso?, difícil de saber y por lo que miro… no muy pronto.

@olaizmau