Análisis en Contraste Por Edgar Salazar Macías
¿Dónde estamos como país?
En algunos momentos tenemos que parar un poco y voltear a ver lo que está sucediendo en nuestro país, y en nuestro estado. Me queda claro que todo punto de inflexión, de ruptura y cambio, como el que hemos estado viviendo en al menos el último año, tomando como punto de partida la reforma al Poder Judicial, nos tiene que llevar, necesariamente, a preguntarnos ¿cuánto más va a suceder?
Como lo dije hace mucho, en líneas en este mismo medio, una de las aberraciones más grandes fue la reforma al Poder Judicial, puesto que atentaba contra los principios de un Estado democrático de derecho, y más allá de eso, el discurso utilizado, desde los púlpitos políticos más altos del país, generaron una idea en la opinión pública y social, que sin duda no correspondía a la realidad. Romper con el equilibrio de poderes, y más aún, romper con el contrapeso efectivo de los mismos, conlleva una simulación, que nos demos cuenta o no, vivimos todos los días.
Resulta trágico ver y vivir el debilitamiento de las instituciones que daban cierto grado de certeza y salvaguardas de la protección del derecho frente al gobierno… resulta irónico tener que hacer énfasis en la defensa del ciudadano en contra de los actos del gobierno, que en teoría debería de actuar de forma que todos podamos gozar de todos los derechos, desgraciadamente no es así.
Ahora, estamos ante la reforma electoral, que se antoja será igual que la reforma judicial, una decisión de camarilla, con un gasto millonario de por medio en forma de asambleas, en las que se dijo mucho y se retomará muy poco, o acaso nada. La reforma electoral, tal como la reforma judicial no es un clamor de la sociedad y las personas, son discursos justificados en una supuesta voluntad popular, diciendo que, las personas que votaron por quienes detentan el poder, también votaron estas propuestas, un discurso por demás equivocado… y nuevamente surge el tema de las mayorías, ¿cuántas personas realmente apoyaron con conocimiento de causa la reforma judicial? ¿cuántas personas acudieron a votar con un “acordeón”? ¿cuántas personas votamos ese día sin que mediara una dádiva o una amenaza? ¿cuántos de esos votos fueron votos corporativos?… muchas preguntas sin respuesta, porque a final de cuentas el discurso es que se hizo lo que quiso la mayoría.
Retomando el tema de la reforma electoral, quiero hacer mención, en este artículo, de los plurinominales. Su existencia debe atender a un principio de representación, y romper con un principio de mayoría. ¿Por qué existen? La razón es simple, Jesús Reyes Heroles ideó una modificación electoral y constitucional para que las minorías tuvieran representación, y acabar de una o de otra forma con la mayoría absoluta que detentaba en esos momentos el PRI (irónicamente Reyes Heroles era parte del PRI y del Gobierno en turno); en ese sentido, sí, los plurinominales no son electos por el voto directo, pero sí representa a una minoría, una minoría que debe contrarrestar a la mayoría, y lo que en teoría haría que sucediera dos cosas: se discutieran las iniciativas, tratando de alcanzar un consenso que beneficiara a todos los habitantes del país, y, evitar que las decisiones fueran tomadas por un partido, grupo o corriente política mayoritaria sin que se tomara en cuenta a las minorías.
Entonces, los plurinominales no son un capricho o un gasto innecesario… pero se ha trastocado su función de tal forma que hay plurinominales de mayoría, que rompen con lo que debería ser realmente su función… y sin embargo, el discurso maniqueo es que deben desaparecer, pretendiendo romper aun más el principio de representación, el derecho al disentir, y los derechos de las minorías. Recordemos que no es lo mismo un Estado de Derecho que un Estado con derechos.
TRES PUNTOS…
Mientras que el grupo político en el poder le da reflectores a sus precandidatos (no oficiales) a la gubernatura, y éstos a su vez inundan, para bien o para mal, redes sociales y noticias; la oposición sigue sin aparecer, no hay una figura fuerte en la oposición que, hasta el momento, pueda hacer sombra al oficialismo. Pareciera que el gobierno del estado repetirá colores, sólo quedará ver por quien se decantan. Es cuanto.
