CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN: La Revolución Francesa, un acontecimiento que cimbró la historia de Occidente - Linea de Contraste

CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN: La Revolución Francesa, un acontecimiento que cimbró la historia de Occidente

Por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal
Tlaxcala, Tlax; 14 de julio de 2026 (Redacción). – El prominente historiador Fernando Braudel explicó ampliamente su teoría acerca de la historia de largo aliento, diciendo que los movimientos que más destacan en el devenir humano son aquellos que pueden catalogarse como de coyuntura, en tanto que los más lentos de transformación, entre los que se encuentran el pensamiento colectivo, son los de estructura. Braudel hizo una analogía mucho más significativa pidiéndonos que imagináramos estar junto a la mar embravecida, en donde las olas tempestuosas e imponentes, que hay en la superficie del océano, son como las coyunturas de la humanidad, tan ligadas a la política y a los intereses económicos inmediatos; en tanto que las aguas más profundas, que se mueven con mucho mayor dificultad, y que a veces parece que nada saben de lo que sucede en la superficie, son como las estructuras de nuestra sociedad.
Hace 237 años, el 14 de julio de 1789, el pueblo de París se levantó en armas para tomar el tétrico castillo al que todos conocían como «La Bastilla «, marcando con ello el inicio formal de un acontecimiento que marcó de manera muy profunda la historia occidental de nuestro mundo contemporáneo. A tal acontecimiento le llamamos de manera coloquial «La Revolución Francesa».
No hay que pensar de manera simplista que tal movimiento sólo tuvo como repercusión primaria la abolición de la monarquía francesa, la adopción de una República, y cierto salto de calidad en cuanto a la concepción de los derechos fundamentales de las personas. En realidad, la Revolución Francesa no es otra cosa más que la culminación de un proceso de unos doscientos cincuenta años que fue directamente influenciado por el pensamiento al que llamamos renacentista, e incluso con pensadores de primera línea que a la sazón eran españoles, como Francisco de Vitoria, que tanto abogó por el reconocimiento universal de los derechos de todos los seres humanos a la vez sustentado en el «jusnaturalismo», procedente incluso de la pluma de Santo Tomás de Aquino. La Revolución Francesa también tuvo la influencia directa de todos los pensadores de los siglos XVII y XVIII, en especial de aquel movimiento al que de manera genérica conocemos como «La Ilustración», al que otros prefieren también denominar «El Enciclopedismo», en donde de manera general se dio gran importancia al desarrollo de las ciencias exactas, que a la postre fueron la plataforma de desplante de la revolución industrial, y también de las humanidades, como la filosofía y la ciencia política, que dejaron de pensar en que el depositario único de la soberanía era el monarca para entregarla a toda la comunidad a través del ejercicio del modelo que, con todo y sus defectos, seguimos practicando hasta este momento, y que es la democracia representativa.
naturalmente, el esfuerzo de deponer la idea de los monarcas y de la soberanía unipersonal se debió a que un sector creciente de la comunidad llegó a acumular cierto poder económico, pero no podía tener acceso al poder político. Ese sector fue el de la burguesía al que, dicho sea con toda justicia, se le debe el presente estado de cosas, incluyendo la idea de los estados nacionales la muy llevada y traída defensa de la soberanía nacional y el ejercicio de la representación popular a través de la emisión del voto popular.
Tanto empujó la burguesía a lo largo de los decenios y los siglos anteriores a 1789, que finalmente se conjuntaron las condiciones que hicieron el caldo de cultivo perfecto al reunir la pobreza de la enorme mayoría de los parisinos y del resto de las comunidades francesas, la indiferencia de la monarquía, el desprestigio del clero y la falta de oportunidades dentro de el contexto del reparto general de la riqueza en el mundo, que en ese momento ya apuntaba a la instauración del capitalismo económico.
El 14 de julio de 1789 sólo marcó el inicio de este proceso que tardó varios decenios en asentarse por completo, pero cuyas consecuencias marcaron sensiblemente y en muchas maneras la historia del occidente contemporáneo. se logró es derrocamiento de Luis XVI y su posterior decapitación en la Plaza de la Concordia, pero también se instauró un estado general de terror, comandado por Maximiliano Robespierre, que terminó cometiendo todo tipo de atropellos en contra de las supuestas libertades de los ciudadanos, y no fue sino hasta finales del siglo XVIII, allá por 1799, cuando Napoleón Bonaparte dio un manotazo sobre la mesa para procurar poner un poco de orden en ese caos general en que se había convertido Francia.
No se puede negar que de las cosas buenas que trajo La Revolución Francesa, se haya tenido la proclamación universal de los derechos del hombre y del ciudadano, que constituyen, hoy por hoy, la base del pensamiento filosófico y político de Occidente, determinando que existen estados nacionales, basadas en un contrato social, siguiendo la teoría de ruso cuma y sustentando que los ciudadanos de cada nación depositaban la parte de soberanía que tenían Bajo su custodia en unos representantes a los que elegían de manera libre y popular, a efecto de que se instauraran gobiernos representativos, con la finalidad de vigilar por el constante progreso de las personas y la defensa de sus derechos.
Sabemos desde la escuela elemental que gracias a la influencia de la Revolución Francesa, naciones como los Estados Unidos pudieron afianzar el modelo capitalista y liberal que les caracteriza hasta nuestros días no obstante que su movimiento de Independencia comenzó prácticamente unos 10 años antes, en 1776. También sabemos que las ideas ilustradas influyeron determinantemente en la mayoría de los virreinatos españoles que operaban en América y que trajeron como consecuencia, en plena cascada iniciada por Haití en 1804 y culminada en Cuba prácticamente un siglo después, los procesos de independencia de la corona española, previo a la emisión de una Constitución de Cádiz de 1812 que significó un gran avance para las ideas liberales en toda hispanoamérica.
Hoy se sigue hablando, a mi manera de entender ya de manera un poco anacrónica, de izquierdas y de derechas, siguiendo un espectro político que parece haber quedado muy atrás desde hace tiempo. El mundo de hoy, más bien, parece estar buscando un reacomodo de significado ideológico, en momentos en que los conceptos, las ideologías y las categorías anteriores han dejado de tener funcionalidad. en lo personal, creo que tendríamos que cuestionarnos seriamente en torno de hacia dónde queremos llevar no solo la finalidad inmediata de la organización política, sino los fines últimos de la estructura social, para que no nos perdamos en la exuberancia o en la densidad de las hojas del árbol, sino que bajemos un poco la mirada a lo que significa su tronco y sus raíces. con esto quiero decir que será muy bueno que no nos preocupemos tanto de la coyuntura política vigente, de los acontecimientos que se magnifican de manera mediática todos los días, y nos preocupemos Mucho más acerca de nuestras estructuras sociales, del contenido de nuestros pensamientos, de las causas y consecuencias de nuestros comportamientos sociales, y procuremos dar un rumbo nuevo a estas sociedades en que nos ha tocado vivir.
Por lo pronto, bien vale la pena la conmemoración del 237 aniversario de la toma de La Bastilla y del inicio de la Revolución Francesa para reflexionar seriamente, aunque, estoy seguro que será una celebración agridulce, pues los aficionados al balompié de Francia que este día, justamente, han sufrido uno de sus más significativos descalabros.
¡Caminemos Juntos!