SOCIOLOGANTE Por la Dra. Elsa Martínez Flores
Zuckerberg y la apropiación de la superinteligencia
Mark Zuckerberg abrió una discusión que va mucho más allá de la tecnología: quién tendrá el poder cuando llegue la superinteligencia. En su documento sostiene que no debe quedar concentrada en gobiernos, empresas o instituciones, sino distribuirse ampliamente entre las personas.
Su propuesta es crear agentes personales capaces de ayudar en el trabajo, la salud, las finanzas, el aprendizaje y hasta las relaciones personales. Zuckerberg sostiene que poner estas herramientas al alcance de miles de millones de personas permitiría generar un nuevo equilibrio de poder.
Un agente de IA no es simplemente un chatbot que responde preguntas. Es un sistema capaz de actuar de manera más autónoma: organizar tareas, tomar decisiones y ejecutar acciones de acuerdo con las instrucciones y objetivos de una persona. En otras palabras, busca convertirse en un asistente digital que actúe en nuestro nombre.
Imaginemos una tarea cotidiana: si pedimos organizar un viaje, un chatbot sugerirá destinos y hoteles. Un agente, en cambio, comparará vuelos, preparará el itinerario, hará reservas y enviará recordatorios. Ya no solo informa: también ejecuta decisiones y acciones en nuestro nombre.
Y ahí comienza el debate sobre el poder: ¿quién controla la herramienta a la que delegamos decisiones? Zuckerberg plantea que Meta desarrolle esos agentes y los lleve a miles de millones de personas, mientras conserva un papel central en los modelos, la infraestructura y la capacidad de cómputo.
Como advertía Michel Foucault, el poder no siempre se concentra en una autoridad visible; también puede operar mediante mecanismos que organizan y orientan la conducta. El planteamiento resulta todavía más interesante cuando Zuckerberg habla de agentes que conocerán nuestros objetivos, intereses, necesidades y actividades.
La tecnología podría ampliar enormemente nuestras capacidades, pero también plantea interrogantes sobre privacidad, datos y vigilancia algorítmica. Zuckerberg asegura que Meta trabaja en sistemas privados y que la inteligencia artificial debe alinearse con los objetivos de cada persona, no con los valores de la empresa.
Sin embargo, alguien tendrá que definir los límites, reglas y condiciones bajo los cuales funcionarán esos agentes. Por eso, el documento no debe interpretarse simplemente como el anuncio de una “superinteligencia para todos”.
Es una propuesta sobre cómo distribuir el poder tecnológico, aunque deja abierta una cuestión fundamental: ¿estamos descentralizando el poder o creando nuevas formas de dependencia hacia las plataformas?
La verdadera disputa por la superinteligencia quizá no será solamente quién puede utilizarla, sino quién controla la infraestructura que permite utilizarla. El futuro dependerá de si estas tecnologías realmente amplían la autonomía de las personas o si terminan convirtiéndose en una nueva forma de poder algorítmico.
