A CAPELLA Por MAURICIO HERNÁNDEZ OLAIZ - Linea de Contraste

A CAPELLA Por MAURICIO HERNÁNDEZ OLAIZ

Mauricio Hernández Olaiz, en su columna A Capella, habla sobre las promesas incumplidas de MORENA y AMLO, y la desilusión que empieza a permear entre los mexicanos

Convertida en  lavadero.

La máxima tribuna del estado ha sido denigrada. Con apenas  6 meses en el cargo, la mayoría de los diputados locales la han devaluado a un espacio  para el chisme de lavadero, pues en vez de utilizarla para emitir posicionamientos claros, lógicos y de aporte al estado, para proponer reformas que beneficien a la población, es usada para denostar y para chismear, incluso para señalar las diferencias internas entre sus mismas bancadas y miembros de la legislatura.

Desde casi el arranque oficial de la 63, la tribuna ha sido usada para desconocer a dos líderes de bancada, para insultar al sindicato de salud, para evidenciar a un colega de ofrecer sobornos, para justificar su abultado salario, para arremeter contra las estancias infantiles, entre tantas otras.

Si bien es cierto que la máxima tribuna puede ser usada para señalar anomalías en el sector salud y en de las propias instancias, cuando lo hacen sin prueba documental, visual o gráfica se queda en tan solo chisme de lavadero. La máxima tribuna merece respeto, merece ser utilizada con fines más propositivos, no descalificativos.

Pero ante los constantes hierros de los miembros de la casona de Allende, la tribuna parecería ser lo de menos, pero desde ahí es donde se muestra  el nivel y la propia calidad legislativa. Sin duda el propio desconocimiento de este poder  a sus propios órganos internos, de sus responsabilidades intrínsecas y hasta de sus reglamentos,  nos llevan a suponer que también desconocen el valor de la tribuna, la cual no es un lugar para la oratoria irresponsable, o para ser tapadera o sitio donde se busca defender lo indefendible, pero la ignorancia y el afán constante y evidente de negarla, los lleva a sacar el detergente y fregar con ahínco con temas irrelevantes.

La máxima tribuna ha sido demigrada, y no parece que esto vaya a cambiar muy pronto, ni siquiera por el remordimiento de saberse sobre pagados sin dar un solo resultado, porque el ganar solo tres mil pesos menos que su líder moral y presidente de la nación, los debería a generar mayor compromiso, sin embargo, ante la crítica la cerrazón, la humildad no es parte intrínseca de la 63, por el contrario lo son la prepotencia, la negación y el desdén.

Preocupante.

Un servidor ya no se extraña de la falta de transparencia de los que juraron sería su bandera, está claro que tan solo fue un lema de campaña, un compromiso hecho por el presidente el cuál se adjuntaron sus beneficiarios a los distintos cargos, pero sin verdadero compromiso para ello.

Pero cuando es el propio presidente el que da muestras de que la transparencia será para más adelante debido a las urgencias, como que la cosa se obscurece y preocupa.

Primero fueron las famosas 500 pipas para dar solución al reparto de combustible, luego fue la asignación directa para que Banco Azteca ; del otrora odiado enemigo Salinas Pliego, sea la institución bancaria designada para administrar las famosas tarjetas del bienestar, en otras palabras la falta de transparencia se justifica con emergencia, pues el ejecutivo ha reiterado que se han visto obligados a ello por la premura de poner en marcha los programas sociales y por surtir la gasolina.

Pero también existen instrumentos para verificar la legalidad de las adjudicaciones directas. Preocupa que no hayan incluido observadores ni testigos sociales y que no haya información, datos duros o algún documento que avale las operaciones, como lo dispone la propia ley.

Recordemos que fue el mismo López Obrador y la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, quienes han insistido en que exista esa participación ciudadana y en ambos casos, ni ciudadanos, ni testigos sociales fueron convocados.

Los constantes claro obscuros de la administración federal ya son cotidianos, pero no por ello menos preocupantes, sobre todo cuando temas sustanciales y de urgente resolución están quedando relegados. El número de homicidios no se detiene, los desaparecidos tampoco, las fosas clandestinas siguen apareciendo y de eso ya no se habla, no se ocupa ni preocupa, por lo menos no al presidente, quién sigue marcando su bipolar agenda todos los días en su tradicional mañanera.

Muy hábil el de Macuspana.

@olaizmau

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