Análisis En Contraste Por Edgar Salazar Macías
El derecho a la privacidad
Hay ciertos libros que nos dan una visión de realidades distópicas en las que los escenarios más catastróficos se ven reflejados, y que pudieran servir de ventana para ver todo aquello en lo que no queremos que se convierta nuestra realidad, o incluso, lo que hubiera sucedido si tal o cuál cosa hubieran sucedido. Por ejemplo, The man in the high castle, nos da esa visión a una realidad inexistente en la que las potencias del eje ganaron la segunda guerra mundial, y como con la derrota de los aliados, el mundo quedó dividido entre la Alemania nazi y Japón.
Hay un libro, que a mi parecer, resalta de manera adecuada todo lo que el Estado no debe ser, estoy hablando de 1984 de Orwell. Imaginemos una realidad en la que Estado pretende controlar todos y cada uno de los aspectos de la vida de las personas, desde el lugar en el que trabajan, lo que comen, lo que pueden comprar, lo que se aprende en las escuelas, dónde se ubican, sus comunicaciones, en fin, todos y cada uno de los aspectos de la vida, que obligan a las personas a ocultarse, rebelarse en contra de tal Estado refugiados en las sombras, convirtiéndose así en una lucha entre las personas y su gobierno, unos luchando por su derecho a la libertad, y los otros luchando por su deseo de controlar.
Pero… ¿a qué viene todo esto?, si bien es cierto no vivimos en una realidad como la de 1984, si hemos visto un incremento en la forma que el Gobierno quiere controlar cada vez más la vida de las personas, bajo el pretexto de ofrecer mayores niveles de seguridad, al tener más control, vemos que se obliga, de manera voluntaria, a las personas a entregar sus datos personales y biométricos, ambos, se supone que deben de estar protegidos por la ley.
Hay dos casos en los que esto sucede, la CURP biométrica, y el registro de usuarios de telefonía. El segundo de éstos tiene dos antecedentes, uno con Felipe Calderón y el otro con Peña Nieto, en los que se intentó del mismo modo, recabar la información de las personas que contrataban una línea telefónica, para hacer un padrón de usuarios, en aquellos momentos la SCJN declaró la inconstitucionalidad de dichas medidas. Pero pareciera que, quienes en ese entonces alzaron la voz, más allá de las organizaciones de la sociedad civil, decidieron callar en esta ocasión, quizás movidos por intereses extralegales, pero finalmente, existe un riesgo latente y constante de que los datos personales de los mexicanos, se vean expuestos.
Hackeos, sistemas de seguridad informática débiles, certificados de seguridad inexistentes, y muchas más vulnerabilidades se han ido descubriendo en los sistemas informáticos gubernamentales; algo similar ocurre con los particulares que deben resguardar los datos personales, como las compañías telefónicas. Bases de datos completas vendiéndose en foros de internet, que pueden ser utilizados para la comisión de algún delito, pero la reacción gubernamental y privada es la negación de los ataques y filtraciones de información. Ante todo esto, la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno (que absorbió las facultades del INAI), sigue brillando por su ausencia en la investigación de algo tan grave como esto.
TRES PUNTOS…
Hoy, 5 de febrero, se cumple un año más del fallecimiento de Álvaro Salazar Lozano, y quizás, movido por un interés personal, pero quizás no tanto, siento que, al menos el municipio de Huamantla se ha quedado corto en reconocer la labor, trayectoria y significado de una persona que siempre llevó en alto el nombre de su pueblo. Quizás en unos años más, su nombre quede olvidado, y quien circule por el parque de Huamantla, y vea el pequeño monumento de antorcha olímpica sólo verá nombres escritos, y sería una pena, que Huamantla olvide parte de lo que también es su historia. Es cuanto.
