Resumen

AQUÍ TLAXCALA…Por FERNANDO CUAMATZI

La verdadera lucha

Las recientes manifestaciones de las normalistas de Panotla han abierto un serio debate respecto a los límites de la manifestación, y de la propia razón de ser la Escuela Normal Rural “Benito Juárez”: formar educadoras de calidad.

La población de la capital ha atestiguado que las marchas de estas estudiantes se han desarrollado con absoluta libertad, al punto de trastocar el tráfico en la zona céntrica del municipio, incluso la operatividad de instituciones como la SEPE-USET, afectando las actividades de otros cientos de ciudadanos.

Pero una cosa es protestar en la calle, o a las afueras de edificios públicos, y otra muy distinta tomar casetas, o secuestrar autobuses con choferes, pues claramente esas acciones caen en la ilegalidad.

Sobre los hechos de la semana pasada en las inmediaciones de la USET, donde hubo presencia policiaca, es claro que no se trató de un acto de desalojo o represión a la protesta estudiantil, sino un acto de autoridad para recuperar tres unidades que fueron retenidas por las estudiantes.

Evidentemente, la intervención policial ofreció a las normalistas un elemento para victimizarse, pero hasta ahora no se les ha conocido una disculpa o un cargo de conciencia por tomar ilícitamente dichos autobuses o las casetas de peaje de San Martín Texmelucan, como parte de sus actos de protesta.

Es justamente por esas actividades antisociales que la Normal Rural de Panotla “Benito Juárez” se conoce dentro y fuera de la entidad. No es por logros académicos como se ha hecho famosa esta institución, sino por el activismo de sus estudiantes.

El sábado, en la Plaza de la Constitución, las normalistas hicieron un mitin que solo hizo patente su incongruencia. Afirmaron que de la normal han egresado 79 generaciones de formadores de estudiantes, y que siempre han pugnado por la educación de calidad; sin embargo, resulta difícil conocer el impacto que han tenido las egresadas en el mejoramiento de la educación en Tlaxcala, cuando ahora se sabe que las futuras maestras ingresan con bajísimos promedios, y además pugnan por ampliar la matrícula, lo que es contrario a principios de calidad y pertinencia.

Bajos promedios y aumento en la matrícula son factores que, combinados, prometen un severo daño en la educación estatal, porque maestros con deficiencias formativas no pueden prometer alumnos con buen aprovechamiento.

Valdría la pena preguntarse también qué piensan los padres de estas estudiantes respecto a las actividades que realizan, qué opinan de que se expongan innecesariamente en manifestaciones, o toma de casetas o autobuses, cuando en teoría las envían a estudiar, a permanecer en las aulas, a aprovechar su educación.

Ojalá las normalistas recapacitaran y entendieran que la verdadera lucha no es en contra del sistema -del que por cierto se sirven-, sino en contra de sus propias insuficiencias, de su situación actual como educadoras que anhelan ser, porque de pelear esas batallas y salir triunfadoras –con más preparación y más conocimientos-, no solo ganarán ellas mismas, sino también Tlaxcala.