AQUÍ TLAXCALA...Por FERNANDO CUAMATZI - Linea de Contraste

AQUÍ TLAXCALA…Por FERNANDO CUAMATZI

Fernando Cuamatzi habla esta semana sobre la reunión internacional de guías de turistas que se celebra en Tlaxcala y el enorme potencial que tiene en este rubro la entidad

Minerva, de mal en peor

Minerva Hernández Ramos va de mal en peor. Su campaña, pero, sobre todo, su actitud como política, ha dejado mucho qué desear.

Primero intentó hacer propuestas, pero no le funcionaron. Resulta difícil traer a la mente alguna verdaderamente relevante. Simplemente no pegaron.

Posteriormente, vinieron algunos “chispazos” para llamar la atención. Se le ocurrió la “5de5”, que nadie tomó enserio, ni siquiera al interior de la coalición “Por México al Frente”, y luego llamó a un debate entre candidatos al Senado, pero nadie le hizo caso.

La visita a Tlaxcala del candidato presidencial Ricardo Anaya a Tlaxcala hizo evidente que la candidatura de Hernández Ramos iba al fracaso, cuando las rechiflas la obligaron a cortar su discurso y ceder la palabra en lo que fue un mitin fallido.

En el PRD no olvidan que los traicionó en las elecciones de 2010, cuando declinó su candidatura a la gubernatura a favor de la panista Adriana Dávila, y en el PAN, no se pasa por alto que logró la diputación plurinominal por la V Circunscripción por un acuerdo cupular con el dirigente nacional Gustavo Madero, por lo que se le mira con recelo y no se le reconoce como uno de sus cuadros.

Ahora, Minerva Hernández ha caído en la desesperación. Ya no hace propuestas, ni mucho menos se confronta con sus principales adversarios. Al menos su compañero de fórmula, Gelacio Montiel, es tan soberbio que dice que su único contrincante es el salinista José Antonio Álvarez Lima, pero ella, a la manera de Ricardo Anaya, quien ante sus escándalos de lavado de dinero y su incapacidad para aclararlos encontró en la figura del Presidente de la República su principal contrincante, ha dirigido sus ataques al gobierno estatal, que por ley está impedido para hacer pronunciamientos de índole electoral.

La lógica de esta estrategia es combatir un “enemigo” que todos puedan identificar y no le pueda hacer daño; el “deporte nacional” de pegarle al gobierno a la menor provocación sin tener consecuencias por ello. Sin embargo, al igual que Anaya, Hernández Ramos cayó en el error de enfrentar a alguien que no está en la boleta electoral, y de usar el engaño y la mentira como instrumentos de convencimiento, sin reparar en sus desastrosos daños a la confianza en las elecciones y la credibilidad en la política.

El más reciente de estos engaños es la acusación contra el gobierno de amenazar a alcaldes con no aprobar su cuenta pública si no apoyan a los candidatos del PRI. El señalamiento sencillamente es ridículo, porque el Ejecutivo no aprueba las cuentas públicas, sino el Congreso local, donde, por cierto, la Comisión de Finanzas y Fiscalización está en manos de un panista, el diputado Juan Carlos Sánchez

Además, la presidencia de esa comisión la dejó el PRD, porque Alberto Amaro se fue a campaña, y los diputados han acordado revisar las cuentas después de las elecciones para evitar el manejo electoral de los dictámenes.

 Es decir, por donde se vea, está en manos de los partidos del Frente la comisión responsable de dictaminar las cuentas municipales, y de los legisladores locales decidir sobre su aprobación o reprobación, y hasta ahora no hay quejas de ediles que respalden el dicho de la ex funcionaria sanchezanayista.

Se trata, pues, de calumnias que expresan lo peor de una persona que está desesperada por ver estancada su campaña.

Qué lamentable que, en vez de pugnar por elevar el debate en la contienda y conducirse con dignidad, Minerva decida ir por el camino fácil del cuestionamiento doloso e infundado.  Esa es la mejor manera de hacer pedazos lo poco que queda de su prestigio como política, servidora pública y representante popular.

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