CAMARILLA AZUL Por JUAN RAMÓN NAVA - Linea de Contraste

CAMARILLA AZUL Por JUAN RAMÓN NAVA

Juan Ramón Nava, en su columna En Corto, habla sobre el poder que Marco Mena ejerció al designar a los candidatos del PRI para las elecciones federales

Y los azules siempre decían que eran lo contrario, que ellos no eran semejantes al PRI, en sus campañas de manera invariable hacían del tricolor su estandarte, su imagen de mofa, ellos decían que no eran así, que eran distintos, pero al final resultaron igual, o quizá un poco peor, por aquello de las recomposiciones.

El Partido Acción Nacional, al menos aquí en Tlaxcala, está secuestrado por una camarilla, una camarilla a la que poco le importa haber caído hasta la tercera posición dentro de las preferencias del electorado tlaxcalteca, y esa camada la encabeza Carlos Carreón Mejía.

Dicen quienes los conocen que solo se burlan de las preferencias y simpatías de la militancia, porque en el fondo, el supuesto distanciamiento entre la Senadora Adriana Dávila y su alfil, Carlos Carreón Mejía, líder prolongado del panismo local, es pura simulación.

Me explico. Si las cosas no les fallan a estas dos figuras dueñas del PAN, Ricardo Anaya será el virtual candidato del PAN en las elecciones de 2018 para buscar la Presidencia de México, algo muy conveniente para Adriana Dávila, porque ella no le apuesta a Margarita Zavala, no, ella sabe hacia dónde están dirigidas sus baterías.

En Tlaxcala, la atomización del voto panista está más que garantizada, y a eso le apuesta Adriana y su grupo. Hace un año, ella lo dijo de forma abierta, que su “gallo” era Anaya y no la Zavala, eso le caló a su amiga, pues ella hizo de la apizaquense lo que es hoy, en poco palabras, a ese clan le debe lo que tiene, que es mucho.

Y si alguien lo duda, pues solo que le recuerden a Adriana Dávila esa escena en el Restaurante del lujoso hotel Four Season, en Reforma, de la Ciudad de México, cuando se toparon Minerva Hernández Ramos, actual diputada federal del PAN, Aurora Aguilar, Margarita Zavala y Adriana Dávila, a quien por cierto nunca saludó la hoy aspirante presidencial.

Toda esa radiografía la sabe el Coordinador de la campaña de Margarita Zavala aquí en Tlaxcala, el pequeño y diminuto ex diputado, Ángelo Gutiérrez, pero obcecado como lo es, poco atiende esas minucias políticas, y Adriana Dávila se aprovechó de ello, el chiste es estar adentro, lo demás ya vendrá.

Todo este revoltijo de preferencias pesan a una dirigencia, y a Carlos Carreón menudo favor le hace prolongar su estadía en la cúpula azul, su renovación al frente de Acción Nacional deja mal parado a ese partido, lo deja en la calle de la amargura, porque ya no puede ni con su alma.

En tonos suaves, con quien tiene la sutiliza, y en tonos graves, con quienes no, Carlos Carreón pregona su distanciamiento con Adriana Dávila, dice que con ella ya rompió, que ya ni a la esquina salen juntos, y eso es mentira, porque cuando se refiere a ella, le sigue llamando “patrona”, algo que no está muy alejado de la realidad.

Porque su “patrona” lo puso ahí en donde está, su “patrona” le ordena qué hacer, su “patrona” le dice a quién llamar, y Ricardo Anaya lo consintió en boca de Damián Zepeda Vidales, su personero, o sea, la dirigencia local del partido azul se convirtió en un cheque en blanco, al portador.

La permanencia de Carlos Carreón Mejía al frente del PAN resulta muy conveniente, sobre todo porque bajo su mando, ese partido renovará sus representaciones en el Senado y en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, y según dicen, Adriana Dávila estaría buscando una diputación federal…por la vía plurinominal, y si, aunque sea de risa.

Su otro flanco, estaría en manos de Juan Corral Mier, a quien Adriana Dávila le estaría heredando su escaño, y si la política es propiedad de alguien, Adriana Dávila lo sabe bastante bien, porque ella ya no solo se apoderó de las posiciones claves del partido azul, sino de sus riendas.

El ex alcalde de Tlaxcala capital, Adolfo Escobar Jardínez, deberá andarse con mucho tiento, porque en esto de las traiciones, los azules salieron mejor que los priístas, prueba de ello es Calpulalpan y Julio César Álvarez, a quien traicionaron por unas cuantas monedas.

Si don Julio Mila viviera, seguramente volvería a morir de la rabia que da tanta rapacería, una rapacería que inició con Luis González Pintor, se prolongó con Tomás de Gante, continuó con Miguel Ángel Chávez Zavala y hoy persiste con Carlos Carreón Mejía.

Pese a las inconformidades de los panistas locales, Carlos Carreón Mejía seguirá siendo el que marque la línea de los azules, seguirá mandando en los destinos del PAN, continuará fraguando los escenarios de sus personajes, eso si se lo permiten, porque en Acción Nacional, al menos aquí en Tlaxcala, existe alguien que manda, y no es justamente el líder estatal.

Muy a diferencia del PRI, en donde sus dirigentes nacionales imponen de todo y a todos, en Acción Nacional no se basan en imposiciones, se basan en estatutos, convenientes para ellos, así fue como llegó Carlos Carreón Mejía a la dirigencia. Tengo una pregunta. ¿Qué pensaría Manuel Gómez Morín de todo esto?

SIN CORRECCIONES…Y ya que hablamos de panistas. Qué pensarán los representados de los legisladores panistas cuando miserablemente otorgan a sus colaboradores apoyos de 200 pesos para ir y venir a la ciudad de México. Por cierto, les exigen comprobar esos gastos…y el de la torta de jamón que se comen en el trayecto. Que poca…por no decirles que no tienen madre

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