Resumen

CONSPIRANDO Por HOMERO MENESES H.

En su columna Conspirando, Homero Meneses nos habla sobre el infiero electoral de este 2018

Criminalizar y desprestigiar: El caso del joven de la prepa Ibero

Vivimos un tiempo opaco. Con el miedo y la incertidumbre muchas personas pierden el sentido de humanidad, se extravían en la responsabilidad individual y olvidan su pertenencia a la sociedad. Qué más evidencia de esto que digo que la intención de criminalizar a las víctimas y desprestigiar a las personas que padecen alguna carencia o sufren angustia por la desaparición de un ser querido o por la simple y constante impunidad que sufrimos frente a la acción del crimen.

Ahí está el caso de Marco Antonio Sánchez, el joven de la prepa de la UNAM en la CDMX, el mismo que desapareció a finales del mes de enero y que movilizó a las redes sociales hasta el grado de realizar una marcha; pero cuando apareció, las personas con miedo e incertidumbre se volcaron en contra del joven Marco, le acusaron de borracho y drogadicto. Su familia fue señalada de solapar los supuestos vicios del joven Marco, fueron criminalizados y desprestigiados.

Cuando desaparecieron los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, la sociedad se volcó en apoyo a las familias y en exigencias al gobierno; pero un grupo de personas, acuso y acusa a los jóvenes de marcar su destino por no estar clase y salir a las calles, también fueron criminalizados y desprestigiados, ocasionando a las familias aún mayor dolor.

La estrategia de criminalizar a las víctimas y desprestigiar a las personas no es nueva. Desde la época de Felipe Calderón se impulsó una argumentación en ese sentido, como en la época de Diaz Ordaz se culpaba a los jóvenes de vivir sus propias vidas y ejercer su libertad. Lo preocupante no es que lo hagan los gobiernos, sino que las personas presas del temor y la incertidumbre caigan en la trampa y articulen una serie de recomendaciones morales para los jóvenes y adolescentes; personas que levantan la mirada al cielo y claman por el “regreso de los valores” y por el papel de la “familia firme y vigilante”. Como si se tratase sólo de un sistema de creencias y de valores, como si la moral fuese una línea directa que llega de un punto a otro, como si la sociedad en general y el Estado en particular no tuviese responsabilidad.

En Tlaxcala también vivimos este sistema que criminaliza y desprestigia. El pasado viernes 9 de febrero desapareció el joven José Antonio, estudiante de la Prepa Ibero de Tlaxcala, salió a las 13:00 horas de ese día y no podía ser localizado por ninguna parte, en pocas horas se viralizó en las redes sociales la solicitud de su familia para buscarlo. Amigos, vecinos y sociedad se sumaron a la alerta, y, la autoridad estatal se aplicó y activó los protocolos para la búsqueda del joven, quien finalmente fue localizado por la tarde del mismo viernes; pero otra vez apareció el miedo y la incertidumbre, y sí, también para criminalizar a la posible víctima y desacreditarle como persona, con argumentos morales y de sanción para la familia que circulan en las redes sociales.

Estamos frente a un doble dolor que se infringe a la familia. La persecución social que impulsa un sector conservador del estado pone en riesgo la estabilidad y seguridad de las familias que son criminalizadas y desprestigiadas por la voz moral de un segmento de personas que viven con miedo e incertidumbre.

Ma parece que debemos impulsar una evolución social, que nos permita ser solidarios con las personas que sufren por cualquier circunstancia. Basta de culpar a la victimas de serlo, de responsabilizar a las personas de sus carencias, de desprestigiar al afligido por estarlo. Necesitamos la construcción de una sociedad mas solidaria y dejar esos pensamientos que criminalizan y desprestigian en el medievo que es a donde pertenecen.

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