Crónicas de Yauhquemehcan: ¡Pero sigo siendo el Rey!: José Alfredo Jimenes en el centenario de su nacimiento por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal - Linea de Contraste

Crónicas de Yauhquemehcan: ¡Pero sigo siendo el Rey!: José Alfredo Jimenes en el centenario de su nacimiento por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal

Tlaxcala, Tlax; 20 de enero de 2025 (Redacción). – De los personajes icónicos de la cultura popular mexicana, José Alfredo Jiménez es un referente obligado, no solo de la creación musical, sino de la filosofía, el pensamiento y el sentimiento del mexicano común. Por eso, tengo la certeza de que prácticamente cualquier persona en nuestro país conoce al menos una canción de este compositor, uno de los más prolijos de cuantos habitan la constelación musical de nuestro país.

 José Alfredo Jiménez nació exactamente hace 100 años, el 19 de enero de 1926, en el entonces pueblo de Dolores Hidalgo, Guanajuato, en el mismo sitio histórico en que se generara en 1810 el Grito de Independencia. Fue un niño como cualquier otro de su generación, pero dotado desde muy pequeño de características muy singulares, tales como una gran sensibilidad poética y una inclinación natural por la música que le permitieron,  con el paso del tiempo y venciendo las muchas dificultades que tuvo que enfrentar, llegar a destacar rápidamente como uno de los compositores más fecundos de la música ranchera mexicana.

Habiendo muerto su padre, el niño José Alfredo,  con apenas 8 años de edad, se vio en la necesidad de migrar a la Ciudad de México, en donde desempeñó diferentes actividades y oficios para poder sobrevivir. A los 14 años tenía los medios necesarios para comenzar su labor de compositor musical y hacia finales de la década de 1940 recibió su primera oportunidad de ser transmitido al aire en la estación de radio XEX con apenas 22 años de edad. Su música llamó rápidamente la atención, no solo de los productores y los empresarios de la radio y de la emergente Industria del cine mexicano, sino primordialmente de la propia comunidad, pues sus canciones fueron, desde el principio, un espejo fiel del sentimiento y la pasión que siente cada uno de los mexicanos en su vida, frente a diversas situaciones.

 Llegado el momento, y ante la calidad de sus trabajos, recibió la gran oportunidad de presentarse en la estación de radio XEW. Diversos intérpretes comenzaron a interesarse en sus composiciones, y en muy pocos años sus éxitos fueron colocados en los primeros lugares de las preferencias del público, recibiendo también la oportunidad de presentarse a través de la filmación de decenas de películas que terminaron colocándolo como una figura central de la música vernácula mexicana.

 De conformidad con los datos disponibles, José Alfredo Jiménez habría registrado más de 300 canciones, y en cada una de ellas, con diversas temáticas específicas, tuvo la oportunidad de trasvasar de manera fiel los sentimientos y aspiraciones de los mexicanos. “El Rey” es prácticamente un himno popular mexicano en que se resalta el deseo individual de prevalecer con independencia de poseer o no bienes materiales; “mme cansé de rogarle”, es acaso una de las canciones más sentidas y entonadas a lo largo de décadas en nuestro país, sobre todo por varones que, ante la presencia de una decepción amorosa, la entonan con toda la emoción desgarradora de sus sentimientos; “Un mundo raro”, es una bella canción que refiere los polos opuestos de los que proceden los amantes y a los que finalmente tienen que regresar; “Si nos dejan” es una invitación para vivir una relación amorosa a pesar de los prejuicios sociales; “Caminos de Guanajuato”, además de ser una canción que exalta algunos lugares de esa entidad, contiene una de las frases más ilustrativas y determinantes de la filosofía de José Alfredo Jiménez, al decir que la vida no vale nada; “El hijo del pueblo” es igualmente una de las canciones que sintetizan el pensamiento y el sentimiento de este compositor nacional, al decir que finalmente, sin poseer nada material, tiene mucho más que quienes tienen riqueza y fama.

 Hay otras decenas de canciones que igualmente son de gran importancia y referencia para el conocimiento de este compositor y, ante todo,  para mirar a través de sus letras y su música el alma desnuda de los mexicanos,  aquel grito desgarrador que desde cualquier casa, desde cualquier esquina, desde cualquier cantina, hace expresivo el dolor con que se vive y el anhelo de disfrutar lo más posible de los placeres que obsequia la vida, particularmente cuando se hace ante una botella de tequila y con la presencia de una guitarra cantora.

José Alfredo Jiménez es un referente de México en cualquier nación del mundo,  especialmente cuando se trata de las naciones hispanoamericanas. en donde quiera que toque un mariachi, en donde quiera que haya una pasión, en cualquier lugar en que subsista un desamor o una traición sentimental, la presencia de este compositor mexicano parece obligatoria. Acaso podría pensarse que José Alfredo Jiménez, como un filósofo popular, supo entender y proyectar más que nadie el modo de ver la vida que tenemos en México, con todos sus altibajos, yendo desde nuestro altísimo sentido de la festividad hasta las lágrimas quemantes que solemos derramar cuando la persona amada ya no está a nuestro lado, o cuando nos invade la sensación de que no podemos avanzar más.

 Son especialmente famosas las anécdotas que se cuentan de las parrandas de José Alfredo Jiménez, en compañía de sus más íntimos amigos, entre ellos, Chavela Vargas, y de cómo unas copas de licor clarificaban de manera tal su pensamiento que hasta en una servilleta de papel era capaz de componer canciones que han pervivido a lo largo del tiempo, y que, seguramente, seguirán siendo conocidas e interpretadas por las siguientes generaciones de mexicanos.

 Lamentablemente esta misma afición a la bebida le costó la vida con apenas 47 años de edad, falleciendo en la Ciudad de México en el año de 1973, pero dejando una enorme patrimonio cultural inmaterial del que todos los mexicanos conocemos y disfrutamos porque, en cierto modo, en diversas canciones de este autor, cada una y cada uno de nosotros se mira perfectamente reflejado, en especial cuando se vive en momentos especialmente dolorosos y felices de nuestra existencia.

 José Alfredo Jiménez merece todo tipo de homenajed y reconocimiento en este centenario de su natalicio y por ello, en este espacio dedicado a la crónica y a la reflexión histórica, le damos las gracias por haber sido uno de los personajes que con gran calidad artística supo interpretar nuestra naturaleza y sentimientos, haciendo que México, en su música y en su colorido, resalte entre las naciones hispanoamericanas y de todo el mundo,  como un pueblo que vive con intensidad su vida, que sufre sus decepciones, que goza sus triunfos y que sabe qué, finalmente, a la vida se llega llorando, y también así llorando se acaba.

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