Crónicas de Yauhquemehcan: Rondas Infantiles, instrumentos educativos e integradores por David Chamorro Zarco, Cronista Municipal
Tlaxcala, Tlax; 15 de enero de 2025 (Redacción). – Soy consciente de que las infancias de estos tiempos son muy diferentes a las niñas y los niños que vivieron hace cincuenta o cien años. Las y los pequeños de esta tercera década del siglo XXI están sometidos a otra dinámica, y a otros estímulos muy diferentes. Lo de hoy son las tecnologías de la información y la comunicación, los videojuegos en línea y en general la navegación en la internet.
Las generaciones anteriores tenían para su entretenimiento diversos juegos, todos ellos implicaban la interacción y nunca el aislamiento. Yendo un poco más a las profundidades de la cuestión, todos los juegos estaban diseñados para reforzar algún valor social o bien proyectar una actitud de la vida real.
Quiero referirme en esta ocasión de manera concreta a las rondas infantiles que eran y son juegos infantiles de integración e interacción, fomentando el perfeccionamiento de movimientos de coordinación y reacción, así como el desarrollo de la memoria y el aprecio musical.
Se llaman rondas porque en casi todas ellas las y los participantes se tomaban de las manos, haciendo diversas evoluciones formando círculos o ruedas, en tanto se recitaban versos, se cantaba y se combinaban movimientos.
Hay algunos estudios que hablan acerca de que este tipo de juegos y ejercicios se han realizado en todos los tiempos y en todas las culturas, no sólo con fines lúdicos, sino con objetivos pedagógicos. De esta manera se puede comentar que para el cristianismo primitivo, o sea el practicado durante los primeros dos o tres siglos de nuestra era, ante la escasez de escritos, se optó por no perder las enseñanzas de Jesús a través de la repetición de cánticos y versos.
Dejando en claro que en la Mesoamérica prehispánica, nuestros antepasados también practicaban juegos infantiles, estás actividades se vieron reforzadas durante la época virreinal, pues en España había también una muy antigua tradición de estos juegos infantiles.
Los versos que se cantan o recitan en las rondas son octosílabos casi en su totalidad, pues los versos de ocho sílabas son los naturales y más comunes en español.
Les comparto que rondas como “Doña Blanca”, hace alusión a un romance o poema de hace unos ochocientos años de la región de Navarra que habla acerca de las tristezas que vivía una joven noble que se llamaba Doña Sancha y que estaba encerrada en un torreón, aparentemente para que no se casara con determinado personaje. “Doña Blanca” se juega protegiendo a la protagonista en el centro del círculo, mientras por fuera un antagonista da vueltas, tratando de entrar. Los versos hablan de que Doña Blanca está cubierta en pilares de oro y plata, o sea, en baluartes muy fuertes. También se alude en México al Jicotillo que es quien intenta robarse a Doña Blanca. El cántico se combina con versos en que se pregunta en dónde está Doña Blanca y ante cada respuesta se responde con un rima. “Dónde está Doña Blanca?”, “Se fue a misa”; “Malhaya sea su camisa!”
“Milano” era otra ronda en donde el protagonista finge estar enfermo de diversas afecciones. Los niños dicen cantando los versos y en cada pausa se pregunta por la salud de Milano hasta que muere, y en ese momento se rompe la ronda y todos corren tratando de escapar de él.
“El patio de mi casa” afirma que el patio de mi casa se moja cada vez que llueve. Luego hay que agacharse y levantarse repetidamente y a continuación estirarse, pues se dice que el demonio va a pasar. Luego se baila sobre un solo pie, diciendo que se es cojita.
“La pájara pinta” era un juego que se jugaba en dos líneas paralelas mientras se cantaban versos relativos al amor y al enamoramiento. “La rueda de San Miguel” era una de las rondas más populares. En sus versos se dice que todos cargan su caja de miel, y a cada vuelta alguno se voltea diciendo que es el burro.
En “La viudita” se pone a una niña al centro del círculo y se cantan versos exaltando las cualidades de los pretendientes. “Los maderos de San Juan aluden a la desdicha que viven cuando piden pan y no les dan, y piden queso y les dan un hueso. Una de las rondas más populares fue “Matarile rile ron”, en donde se van recitando el nombre y la descripción de diversos oficios. “Arroz con leche” dice en sus versos que se quiere casar y se mencionan todas las virtudes que se deseaban de la novia.
“Que llueva”, pide a la Virgen de la Cueva que haya lluvia hasta llegar a caer un chaparrón. Por su parte “La víbora de la mar” es una ronda que, con cierta deformación se mantiene vigente hasta nuestros días, pero en un contexto no necesariamente infantil, pues se juega en las bodas. Originalmente su cántico dice que todos pasen y luego se habla acerca de las frutas que una mexicana vendía. Se pide a una campanita de oro que permita pasar con todos los hijos, a excepción del de atrás. En “San Serafín del Monte” es una secuencia de imitación, bajo las educaciones de un niño que hace de director y es muy importante que a cada verso se afirma que se es buen cristiano.
Cómo puede verse con estos sencillos ejemplos, las rondas eran mucho más que juegos simples. Muchas generaciones de niñas y niños disfrutaron de estos juegos integradores, allá en los tiempos en que lo importante era divertirse en compañía de los demás, siempre conviviendo, y divirtiéndose usando el ingenio y la imaginación, agotando toda la energía disponible, y no aislandose en la sociedad de un rincón a interactuar solo con amigos virtuales.
¡Caminemos Juntos!
