Resumen

DEJAD QUE LADREN LOS PERROS Por ALBERTO AMARO CORONA

El diputado local Alberto Amaro Corona aprovecha su columna para hablar sobre los tiempos legislativos

La izquierda a 100 años de La Revolución Rusa

Para entender el siglo XX y el mundo de hoy, es preciso revisar la revolución rusa, entender sus motivaciones, su desarrollo, sus consecuencias, su influencia política e ideológica en muchos países del mundo.

Es un suceso histórico en el que un pueblo cansado de la desigualdad, el hambre, el retraso social y la guerra, sobre todo cuando se comparaba con el resto de Europa,  sumado a la derrota de la guerra contra Japón y los estragos que generaba la Primera Guerra Mundial, protagoniza una de las revoluciones sociales más significativas de la historia del mundo, que concluye con el empoderamiento del partido bolchevique que abanderaba la transformación radical de la sociedad rusa enmarcada en sistema de vida autocrático que representaba el zarismo.

Es también un suceso impulsado por las potentes ideas de Marx que promulgaban la dictadura y el control de los medio de la producción por parte del proletariado, como el modelo político y económico para garantizar el bienestar de las mayorías; todo en la lógica del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, que bajo la premisa de que los proletarios no tienen qué perder más que sus cadenas, los convocaba a unirse para instaurar su dictadura en contra de la dictadura del capitalismo.

El régimen que surgiría de dicha revolución, influiría determinantemente en la historia del mundo, desde el resultado de la Segunda Guerra Mundial, la Revolución China y el resto de los conflictos armados y políticos del Siglo XX como Vietnam, Cuba, Afganistán y los movimientos de liberación nacional en África; se convertiría en una potencia militar equiparándose al de Estados Unidos, con capacidad de desarrollar tecnología para ir al espacio, pero también, sin prensa libre y sin aceptar ideas contrarias a las hegemónicas del régimen que instruía su partido.

Tampoco se puede entender la historia de la izquierda en México sin considerar la influencia que tuvo la Unión Soviética en su construcción ideológica, desde l fundación en 1919 del Partido Comunista Mexicano, la incidencia de éste en los movimientos agrarios y sindicalistas de los años 20s, 30s y 40s, los movimientos médicos y magisteriales de los 50 y 60, los movimientos estudiantiles del 68 y de trabajadores de los años 60, 70 y 80, hasta las guerrillas de los años 60 y 70, así como en los partidos de izquierda que se integraron al sistema electoral a partir de 1977-79.

Hoy el método revolucionario para cambiar el estado de cosas que ejemplificó la revolución rusa, difícilmente podría aplicarse, al menos en el México actual, optándose por un método más gradual, reformista, a través del régimen de elecciones. Sin embargo, en la Rusia actual, a 100 años de la revolución que transformó las relaciones sociales y políticas en el mundo, el 54 por ciento de su población piensa que no debió disolverse la Unión Soviética; además, el Partido Comunista Ruso sigue siendo la segunda fuerza política y, aunque el 7 de Noviembre (25 de Octubre en el calendario juliano) no se celebra como Aniversario de la Revolución Rusa, sino como el desfile militar soviético antes de entrar a la Segunda Guerra, la nostalgia de las generaciones pasadas y las de los jóvenes, buscan no un regreso al pasado, sino a conformar una nueva forma de vida más justa, más a la izquierda y recobrar el impulso socialista.

Todos los que somos herederos de esa izquierda que tomó las armas y salió a las calles con la idea revolucionaria, seguimos luchando por un mundo más equitativo, de más libertades, de respeto a los derechos humanos, de libertad de expresión y de mejores oportunidades para todos, sin importar su origen o condición social o económica. No podemos olvidar, ni los motivos ni los costos que pagaron los bolcheviques de Lenin para que hoy, los que defendemos la equidad y la vida digna de las familias, podamos alzar la voz y, dentro del sistema, seguir impulsando una distribución más equitativa de la riqueza, respeto a los derechos humanos y a nuestras libertades individuales a través de consolidar un estado socialmente responsable en el que se garanticen los derechos sociales.

 

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