Resumen

DEJAD QUE LADREN LOS PERROS Por ALBERTO AMARO CORONA

En su entrega de esta semana, el diputado local Alberto Amaro Corona nos habla sobre el ideal de Francisco I. Madero

Con voz y voto: Presidentes de Comunidad

 

El artículo 115 de nuestra Carta Magna contempla al municipio libre como base de nuestra división territorial y base de nuestra organización política y administrativa; los municipios representan para nuestro sistema político mexicano, lo que las neuronas para nuestro cerebro.

Establezco esto sin exagerar, el ayuntamiento responde a las necesidades básicas para el funcionamiento y organización eficiente de la población; tiene a su cargo desde el agua potable hasta la seguridad pública, lo que implica que en materia territorial el municipio es el origen de la organización geográfica de nuestra nación; en materia administrativa se encarga de velar por la correcta convivencia y distribución de bienes esenciales para el día a día y, en materia política, encarna el cimiento de representatividad, confianza y gestión  con y para los gobernados.

Dentro de nuestra Constitución tlaxcalteca, el artículo 90 no es omiso con el significado del municipio y lo dota de personalidad jurídica y patrimonio propio, el cual se maneja a través del Ayuntamiento. Tampoco olvida a quienes representan a la primera y más cercana instancia con la que contamos todos y cada uno de los tlaxcaltecas: los presidentes de comunidad.

Cabe resaltar que los presidentes de comunidad, al igual que el presidente municipal, síndicos y regidores, son elegidos mediante el principio de sufragio universal en un proceso ordinario cada tres años o por usos y costumbres. Es decir, los presidentes de comunidad son legítimos representantes no sólo del ejercicio democrático, sino también expresan las necesidades, carencias y aspiraciones de quienes los han elegido.

Por lo tanto, su función es doble, por un lado fungen como órganos desconcentrados del ayuntamiento representándolo para la procuración del progreso y bienestar, pero también llevan la representación de sus comunidades ante el ayuntamiento, velando por los intereses de su comunidad; de ahí surge la urgencia de integrar esta figura de elección popular dentro del ayuntamiento con esa doble representación.

Si bien es cierto, los presidentes de comunidad, tienen derecho a voz dentro del Cabildo, sin embargo, al no tener voto, no participan de las decisiones del gobierno municipal, dejando que sean los otros munícipes, que aunque tienen la representación general del municipio, no la tienen de manera concreta y específica de las comunidades, por lo que, al no tener voto los presidentes de comunidad, su representación es negada, es decir, se niega la voluntad popular que los eligió.

Por otra parte, una de las prioridades del Estado, incluso dentro de la modernidad, es preservar nuestros usos y costumbres y los presidentes de comunidad son quienes representan mayor cercanía a la gente y como consecuencia, quienes en mayor medida promoveran dicha preservación.

Devolver el voto a los presidentes de comunidad implica reconocer a nuestras comunidades su derecho de representación y de acceso a la vida política, como un derecho intrínseco a la igualdad en oportunidades de desarrollo. No dárselos, conlleva negar la democracia, la representatividad, y el objetivo central constitucional de generar progreso y beneficio para las comunidades.