Resumen

DEJAD QUE LADREN LOS PERROS Por ALBERTO AMARO CORONA

Instituciones electorales y confianza

El nivel de confianza sobre las instituciones electorales es considerado uno de los elementos más importantes para la consolidación democrática. Haciendo que la ciudadanía perciba que los resultados de las elecciones se respetan, que aquellos que obtuvieron el mayor número de votos en las urnas, gobiernan y que quienes rompen las reglas son sancionados, es la medida en que los ciudadanos se involucrarán en la vida política, fortaleciendo la democracia.

Sin embargo, tener instituciones electorales sólidas y confiables no es tarea simple. Si se revisa la historia, uno de los momentos más críticos en términos de certeza electoral fue el fraude en las elecciones de 1988, que generó la necesaria creación del Instituto Federal Electoral: un órgano constitucional autónomo, cuyo Consejo sería nombrado por la Cámara de Diputados y que tuvo su primer gran éxito institucional en el 2000, cuando José Woldenberg anunció la victoria de un partido distinto al PRI, por una ventaja de más de 2 millones de votos (esto el día de la elección) y consolidó al IFE como una de las instituciones más confiables del país. Sin duda un proceso comicial con una amplia ventaja y la prudencia del candidato perdedor, fueron fundamentales para que se consolidara la percepción de que en México se respeta la voluntad de la mayoría.

Sin embargo, 6 años después, el Consejero Presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, tuvo un reto mucho mayor, de entrada, el llevar a cabo un proceso electoral más cerrado y, por otro, pretender aprovechar la coyuntura para favorecer al partido en el poder. En ese momento la izquierda se encontraba unida y el candidato que legalmente perdió decidió salir a las calles a defender el voto de la gente, muchos lo seguimos en esa lucha y decidimos hacer lo que era mejor para México y los mexicanos. Aunque su lucha se fue diluyendo, la credibilidad del IFE y del Tribunal Federal se deterioraron justamente.

Luego del proceso electoral del Estado de México, las instituciones electorales jugarán un papel fundamental para la legitimidad de la democracia. El anuncio que hizo el IEEM del conteo rápido, dando como ganador a un miembro del grupo Atlacomulco, primo (casi fotocopia) del presidente, aunado a que, si la candidata que presuntamente fue derrotada, lleva a cabo los procesos jurídicos correspondientes para reivindicar el rumbo de la decisión, ponen en riesgo la credibilidad de los resultados.

Independiente de quien asuma el Gobierno, la manera en que las autoridades electorales den el triunfo, definirá en buena medida el nivel de participación o rechazo que tendrá la oposición que representa, gane quien gane, a más del 65% de los electores que emitió su voto por otra opción electoral.

De igual modo, el Instituto Electoral de Coahuila tiene, ante sí, la responsabilidad de ser un árbitro imparcial y demostrárselo a la ciudadanía. Si bien su presidenta ha asumido una actitud prudente al no declarar un ganador, el tiempo que pasa va generando cada vez más incertidumbre, en tanto uno de los candidatos celebra su supuesta victoria al mismo tiempo que el otro marcha para protestar por su supuesta derrota.

Buena parte del futuro político, democrático y de participación del Estado de México y de Coahuila, depende de la actitud y certeza que brinden las instituciones electorales a los mexiquenses y coahuilenses. Deseo que, por el fortalecimiento de la ciudadanía de dichas entidades, los institutos electorales y los tribunales actúen conforme a la Ley y la voluntad del pueblo. Su tarea no es fácil, tienen la responsabilidad de garantizar que se respete la voluntad de la gente ante altos niveles de polarización, vaya reto.

 

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