Resumen

DEJAD QUE LADREN LOS PERROS Por ALBERTO AMARO CORONA

El espionaje y los enemigos del Estado

La noticia publicada por el New York Times el lunes pasado, respecto al espionaje que realiza el Gobierno Federal a quienes le son incómodos, el despilfarro de recursos públicos y la violación a la ley para hacerlo, no son tema nuevo ni de extrañarse, pero que no deben quedar en la impunidad ni en el olvido. Los gobiernos con rasgos autoritarios, desde Roma hasta el México de los años 70s, se ha ocupado en saber qué hacen, con quién y de qué manera lo hacen, aquéllos que consideran que son los opositores al gobierno o que lo puedan poner en riesgo.

No sorprenden los sofisticados sistemas de espionaje, lo que sí sorprende son las personas y sobre todo las causas que defienden los espiados. Lo que esta nota revela es a quién percibe el gobierno mexicano como su enemigo. Las personas en cuestión no pueden ser más antagónicas, posiblemente lo único que tienen en común es que critican la manera en la que se gobierna, aunque si el Gobierno Federal quisiera vigilar a todos los que no estamos de acuerdo con su actuación, no habría dinero que alcanzara para espiarnos a todos.

¿Qué va de Juan Pardinas, promotor de la Ley 3 de 3, o Carmen Aristegui, periodista identificada con causas sociales y quien sacó a la luz pública la Casa Blanca? ¿Cómo pueden ser enemigos los defensores de los derechos humanos del Centro Pro (por cierto, uno de los más respetados del país)? ¿Cómo se pueden considerar enemigos a los abogados de las mujeres abusadas por la Policía Estatal hace 10 años en Atenco durante el gobierno del hoy presidente de México, o los padres de familia de los 43 estudiantes asesinados en Iguala?.

Estas personas son diferentes en todo, sus profesiones, los medios de comunicación que utilizan, sus ideologías, sus simpatizantes. ¿Qué tienen en común? todos luchan a su manera por temas que incomodan a quien ostenta el poder, pero que son al mismo tiempo causas que nos duelen y nos han lastimado profundamente como país, desde la corrupción, hasta las activistas víctimas de abuso sexual, desde luego las violaciones diarias a los derechos humanos y el asesinato de 43 jóvenes estudiantes y sus padres exigiendo la justicia que merecen.

            Ahora vemos que, en la lógica del presidente, basta disentir para ser considerado enemigo del Estado. Tal parece que el Gobierno Federal cae en un tipo de esquizofrenia o paranoia política, viendo riesgos y enemigos por todas partes, con los métodos más lamentables, con un despilfarro estrepitoso de dinero público, y lo que es peor: metiéndose incluso con la familia de las víctimas de espionaje.

El New York Times reveló que por cada teléfono infectado de ese software maligno, el Gobierno del presidente Peña pagó ¡80 mil dólares americanos!, que al tipo de cambio de hoy implican 1 millón 448 mil pesos. Además de todo lo anterior, el despilfarro de recursos públicos es inmoral: gastaron casi un millón y medio de pesos por cada “enemigo” espiado.

Que los personajes en cuestión sean incómodos para el gobierno no los vuelve incuestionables de ningún modo ni hace que esté de acuerdo en todo con ellos, pero sin duda, a su manera aportan lo que consideran mejor para este país y encuentran eco en personas que simpatizan con ellos. Para el gobierno actual, esto los hace peligrosos.

Si disentir, luchar por mejorar el país y promover mejores medidas diferentes a las que promueve el Presidente es razón para ello, espíenme a mí también.

 

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