Resumen

ES MOMENTO DE…Por IGNACIO RAMÍREZ SÁNCHEZ

Rescatemos el trabajo comunitario en Tlaxcala

Los pueblos de Tlaxcala se fundaron hace varios siglos. Todos ellos crecieron gracias a la organización, trabajo y deseo de progreso de sus habitantes. De nuestra raíz indígena se estableció a la faena como una tradición obligada para colaborar en las labores de los espacios públicos de las comunidades y, al tiempo que se ejecutaban las obras, los integrantes del pueblo afianzaban su sentido de identidad y pertenencia.

Hoy nos llama la atención que muchas comunidades —especialmente las urbanas— están olvidando esta forma de trabajo solidario. Muchas personas desoyen los llamados de las autoridades locales para sumarse a campañas de limpieza o mejoras y dan la espalda pretextando que el gobierno quien tiene la obligación y los recursos para hacerlo todo, sin darse cuenta de que con esta evasión se está dando un mal ejemplo a las nuevas generaciones que crecerán sin arraigo, identidad ni deseo de desarrollo comunitario.

Los caminos, las iglesias, las escuelas, los sistemas de agua potable, las redes de drenaje, banquetas y muchas otras obras fueron edificadas con el trabajo organizado, los recursos propios y el deseo sincero de progreso manifestado por cada localidad. Por ello la esencia misma de Tlaxcala se encuentra en sus comunidades.

Quisiera poner a discusión la posibilidad de que las obras públicas de los municipios, especialmente las efectuadas en las comunidades, se vuelvan a ejecutar con mano de obra de los mismos vecinos. En todos los pueblos tenemos excelentes maestros albañiles y trabajadores de otros oficios quienes, con el concurso de los vecinos y la supervisión de la autoridad municipal y de la entidad fiscalizadora, podrían alcanzar e incluso rebasar las metas originalmente planteadas.

Si el presupuesto de la obra pública se destina a la comunidad, lo lógico y lo deseable sería que el producto de tal dinero beneficiara a los mismos pobladores, lo cual se podría lograr al contratar y pagar a trabajadores locales. Las entidades ganarían por dos vías: por la ejecución misma de las obras y acciones y por la derrama de pagar salarios a las personas de la comunidad contratadas para tal ejecución.

Es evidente que los pobladores se mostrarían celosos de que las obras públicas se ejecutarán con buena calidad y excelentes materiales; se combatiría con eficiencia malas prácticas en torno a la designación de constructoras. Tlaxcala tiene la capacidad técnica y la mano de obra calificada para ejecutar este tipo de acciones. De este modo incluso podría rescatarse el sentido de la participación comunitaria en los trabajos de beneficio colectivo, pues la gente podría aportar horas de mano de obra como contribución al bien del conglomerado.

Habrá quienes digan que las empresas constructoras contribuyen de mejor manera a la generación de empleos formales y que sus trabajadores están asegurados. Eso es un detalle simple de saltar, pues se podría y se debería contratar el aseguramiento de los trabajadores, con lo que el resultado sería el mismo y tendría mayor impacto social.

Volvamos un poco los ojos atrás, a nuestros orígenes y antecedentes. Aprendamos de los grandes ejemplos que dejaron nuestros ancestros al demostrarnos que el único interés que vale es el colectivo. El desarrollo tiene como base el acuerdo y la participación efectiva. En cambio, para el estancamiento y el retraso hay muchas vías como el pretexto, la evasión, el egoísmo y el desinterés.