Resumen

ES MOMENTO DE…Por IGNACIO RAMÍREZ SÁNCHEZ

En su columna Es Momento de...Ignacio Ramírez Sánchez nos habla sobre el hecho de que nunca es tarde para abrir la puerta al diálogo

El respeto a las mujeres comienza en casa

Sé que hay diferentes tipos de familias. Ya no sólo hablamos de la tradicional, integrada por los abuelos, los padres y los hijos. Ahora tenemos núcleos familiares encabezados por una sola persona, regularmente por mujeres o hasta algunas encabezadas por personas del mismo sexo. Tenemos también a hombres y mujeres que deciden no casarse ni tener hijos y todas ésas formas de convivencia son igual de importantes y respetables.

Sobre el tema del combate a la violencia en contra de las mujeres en todos sus géneros, nadie puede ocultar la realidad no sólo de nuestra entidad o de México, sino del mundo entero, en donde más de siete de cada diez mujeres han sufrido o sufren algún tipo de violencia que las lastima no solamente en su cuerpo, sino en sus emociones y sentimientos. Estoy seguro que se trata de un fenómeno reprobable y que los poderes públicos deben encabezar los esfuerzos por erradicar de nuestra comunidad este comportamiento que nos impide avanzar hacia una sociedad más justa, igualitaria y desarrollada.

Pero, al mismo tiempo, me parece que debemos volver la mirada hacia el seno de los hogares, de las familias, sea cual sea la forma que éstas tengan, porque en ella es donde está el inicio de este comportamiento, pero al mismo tiempo donde debemos encontrar la semilla para la erradicación de la violencia hacia las mujeres.

Todos recordamos el adagio que dice que en la casa es donde se educa verdaderamente a los hijos. Me parece una gran verdad. Si los padres, abuelos, tutores y mayores responsables de la educación de los pequeños, les brindan orientación, formación en valores y sobre todo un ejemplo diario honesto y congruente, lo que tendremos serán hombres y mujeres bien educados, independientemente de la escuela formal a la que acudan. De nada o de poco sirve enviar a los hijos a colegios caros, cuando en el seno de la familia no se les educa con rectitud.

La violencia contra las mujeres tiene como origen que muchas personas con sus actos demuestran que los hombres gozan de superioridad cuando, por ejemplo, se oponen a que la mujer salga a buscar trabajo para contribuir al gasto familia o cuando se le prohíbe acudir a reuniones sin la compañía de su marido, como sí hace éste; otro ejemplo lo tenemos en el mismo hogar cuando el varón no se aplica de la misma manera al desarrollo de los quehaceres domésticos.

También en casa se contribuye a construir un mal modelo de comportamiento cuando se usa un lenguaje sexista que denigra a las mujeres, o cuando se les limitan las posibilidades de acudir a la escuela, bajo el pretexto mal fundado de que no tienen la necesidad de trabajar, pues finalmente se casarán y su marido se encargará para siempre de su manutención.

Yo quiero invitar a todas las familias y en especial a las madres y los padres para que, con independencia del modelo en que convivan, se esfuercen por no repetir modelos ya caducos de pensamiento y de comportamiento. Las mujeres no son cosas ni objetos; las mujeres son seres humanos con todos los derechos y con las mismas posibilidades de alcanzar sus objetivos que los varones.

Eduquemos a nuestras niñas y a nuestros niños y de esta forma no tendremos que corregir o castigar a los hombres o a las mujeres en su edad adulta, como decían los antiguos. La erradicación de la violencia hacia las mujeres comienza en casa, en donde debe formarse a las nuevas generaciones con valores, con amor, con responsabilidad y sobre todo con respeto pleno a la dignidad humana.