HUAMANTLADA: CIERRAN UNA PUERTA Y ABREN OTRA Por JUAN RAMÓN NAVA - Linea de Contraste

HUAMANTLADA: CIERRAN UNA PUERTA Y ABREN OTRA Por JUAN RAMÓN NAVA

Juan Ramón Nava, en su columna En Corto, habla sobre el poder que Marco Mena ejerció al designar a los candidatos del PRI para las elecciones federales

Las buenas intenciones mostradas por las autoridades, tanto municipales como estatales, para regular y controlar la tradicional Huamantlada fueron rebasadas por los casi 200 mil asistentes que se dieron cita a dicho festejo callejero-taurino, porque al final de cuentas Juan Pueblo hizo lo que quiso y como quiso.

En medio de opiniones encontradas, unas a favor y otras en contra, apenas el pasado sábado se llevó a cabo la Huamantlada en su edición 2017, y su realización en un circuito conformado por 17 calles dejó mucho que desear, no por la voluntad mostrada por los organizadores, sino por el arrebato de los miles de concurrentes.

Y como no iban a ser rebasadas las autoridades si los policías municipales y estatales que “vigilaron” las calles de la ciudad de Huamantla nunca se dieron abasto suficiente para controlar los ímpetus de quienes asistieron a dicho evento que, a decir verdad, dichos ímpetus estaban mucho más que apartados de ser taurinos.

Quizá lo rescatable de este festejo callejero-taurino haya sido el hecho de que, a diferencia de otros años, el número de lesionados fue de apenas seis personas, ninguna de gravedad, aun así, no deja de ser criticable la irresponsabilidad de algunas de ellas, que, bajo los influjos del alcohol, no midieron las consecuencias de enfrentarse a toros de un considerable pesaje.

A pesar de que el alcalde de Huamantla, el priísta Jorge Sánchez Jasso había advertido que el ayuntamiento a su cargo, en coordinación con el Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, que preside el perredista Luis Mariano Andalco, inhibiría la venta de alcohol, éste como cada año, estuvo más que presente.

Ni Jorge Sánchez Jasso ni Luis Mariano Andalco previeron que, ante tal anuncio, los asistentes a la Huamantlada llevaron sus propias dotaciones de alcohol, pues fue común observar como muchos de los asistentes portaban mochilas, bolsas y hasta hieleras que contenían diferentes bebidas embriagantes.

Además, a este hecho, se sumó que muchos vecinos que habitan en las 17 calles en donde se conformó el circuito taurino, habilitaron, a discreción, sus casas como expendios de bebidas embriagantes, especialmente cerveza, es decir, quizá las grandes firmas como la Corona perdieron al limitárseles la instalación de puntos de venta, pero en contraparte, quienes hicieron su agosto en agosto, fueron los lugareños.

Es decir, las autoridades cerraron una puerta, pero abrieron otra, y ante esto, simple y sencillamente no pudieron hacer nada ante dicha situación.

De la misma forma, los responsables de “encerrar” a los bureles a la hora señalada por los organizadores de la Huamantlada, ocasionó el enojó de los asistentes, quienes lanzaron vasos, botellas y cuanto objeto tenían a la mano con el propósito de impedir tal acción, ante tales hechos, la policía poco o nada pudo hacer más que observar la escena, es decir, los uniformados fueron superados de pe a pa.

Tales hechos tendrán que ser analizados y explicados por el Ayuntamiento de Huamantla y por el Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, porque a simple vista, de nada sirvieron los foros que se realizaron para dar cuerpo y vida al nuevo reglamento de la Huamantlada, el cual fue anunciado con bombos y platillos una vez conformado.

Lo cierto es que de nueva cuenta y ante estas conductas, las voces que claman y piden la desaparición de la Huamantlada surgirán con mayores bríos, el argumento volverá a ser el mismo, que Huamantla y su festejo callejero-taurino resultan ser, como cada año, la cantina más grande del estado.

Controlar a una multitud, como la que se congrega en torno a esta celebración anual, resulta más que imposible, porque Tlaxcala, sumando a sus policías estatales y municipales, simple y sencillamente le resultaría insuficiente para garantizar orden y seguridad, un suculento motivo para los anti taurinos.

Sin embargo, digan lo que digan, hagan lo que hagan, los intereses monetarios siempre y de forma invariable, estarán presentes en la Huamantlada, de ahí que muy difícilmente este festejo tenga una mínima posibilidad de desaparecer, porque a las autoridades, sean municipales o estatales, lo que más les importa es reportar ingresos a sus finanzas, aunque no lo quieran admitir.

Habrá que aguardar a que los organizadores ofrezcan una explicación sobre todo lo ocurrido en esta festividad colectiva, porque, a decir verdad, hubo mucho descontrol y no se cumplió con lo ofrecido antes de la Huamantlada, el principal pendiente, que habrían puestos de control y vigilancia a cargo de efectivos de la Sedena.

No se trata de culpar a nadie, porque al final de cuentas cada uno de los actores en este tinglado popular cumplió a cabalidad con su rol, de lo que se trata es de hallar más que una salida, un mecanismo que permita el orden, ojalá y tanto las autoridades como el público que gusta de asistir a este tipo de eventos, volteen sus miradas a la ciudad de Pamplona, España, en donde cada año se lleva a cabo la tradicional Pamplonada, celebración que realiza en completo orden.

Porque insisto, no se trata de cerrar una puerta y abrir otra, ya que de ser así, no tiene caso tratar de poner orden en donde no lo hay, así de fácil. ¿o no?

SIN CORRECCIONES…Y ya que hablamos de festejos. Aprovecho este espacio y la oportunidad para, En Corto, agradecerles a mis amigos y a las muchas personas que amablemente destinaron parte de su tiempo para felicitarme por mis 25 años en el ejercicio del periodismo, a todos Ustedes mi agradecimiento infinito.

 

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