Indignación selectiva, por Ángeles Zepeda - Linea de Contraste

Indignación selectiva, por Ángeles Zepeda

“Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos,

sino recursos humanos.”

Los nadies, Eduardo Galeano.

Tlaxcala, Tlax; 01 de junio de 2026 (Redacción). – Recientemente se viralizó el caso de explotación laboral y apropiación cultural que pasaron cerca de ciento cincuenta artesanas textiles de Naupan, Puebla por parte de la fundación Someone Somewhere, quien las reclutó para bordar el jersey de la Selección Mexicana en colaboración con la marca Adidas.

Someone Somewhere fue fundada por Fátima Álvarez, José Antonio Nuño y Enrique Rodríguez, egresados del Tecnológico de Monterrey, y actualmente trabaja con alrededor de 300 artesanos de comunidades de Puebla, Oaxaca, Michoacán, Hidalgo, Estado de México y Chiapas.

Luz Valdez, una gestora cultural, comenzó a difundir los testimonios de las artesanas, quienes denunciaron a la fundación por someterlas a jornadas laborales de más de cinco horas diarias, por imponerles metas de producción de dos jersey por día, sí alguna presentaba un error, eran obligadas a repararlo en el momento y por si fuera poco se les pagaba entre 25 y 36 pesos por hora.

El proyecto enaltecía a las artesanas poblanas y sus bordados, sin embargo, ellas denunciaron que eran obligadas a coser patrones hechos por Inteligencia Artificial, dejando de lado su labor artesanal para ser usadas como obreras de maquila.

La fundación Someone Somewhere llegó a vender hasta en 4 mil 999 pesos cada jersey, pero las artesanas poblanas aseguraron no haber recibido un pago justo por la prestación de su servicio.

El director de la Casa de Cultura de Naupan, Tabo Lazcano, confirmó que los salarios eran bajos y señaló que incluso fue necesaria una capacitación para que las artesanas conocieran el valor comercial de su trabajo.

Al salir a la luz el caso de las artesanas poblanas, Antonio Nuño, fundador de Someone Somewhere indicó que el proyecto se realizó mediante un contrato de proveeduría con el colectivo Mujeres Unidas Chakalxochitl, encargado de administrar los recursos y distribuir los pagos entre las participantes; omitió transparentar montos específicos y detalles sobre el porcentaje económico que recibió la comunidad.

Este caso obviamente causó gran indignación en nuestro país, pero es uno más de los millones de casos de abuso laboral que sufren las mujeres artesanas de pueblos originarios por empresas, gobiernos municipales, secretarías de cultura y gestores culturales, la cuestión aquí es que el caso de hizo viral por enmarcarse en la temática mundialista y porque surgió el nombre de la marca Adidas.

No nos hagamos los sorprendidos, las comunidades originarias han sido abusadas, explotadas y violentadas sistemáticamente por siglos en México, pero la indignación solo surge cuando el explotador es extranjero y atenta contra el bendito “patrimonio cultural”.

Ahora resulta que nos indigna el caso de las artesanas de Naupan, cuando aquí mismo en Tlaxcala ignoramos a las señoras que vienen desde Ixtenco a vender sus servilletas bordadas, quienes se sientan horas en la banqueta, bajo el sol y  la lluvia, sin vender una sola pieza.

Ahora resulta que defendemos a las tejedoras, pero guardamos silencio cuando los espacios artesanales, como el de la Plaza Xicoténcatl, son otorgados bajo conflictos de intereses políticos.

¿Te preocupan las condiciones de trabajo ilegales que sufrieron las artesanas poblanas bajo el yugo de Someone Somewhere? Entonces, ¿Por qué te quedas mirando cuando llega un operativo de la policía municipal a quitar con lujo de violencia a las mujeres que venden sus artesanías en la calle?

La violencia que viven las mujeres indígenas ha pasado, pasa y seguirá pasando hasta que tú dejes de ignorar todas las injusticias que viven las artesanas, cuando compres sus productos, sin regatear el precio, porque son ellas quienes solo conocen el verdadero valor.

¿Quieres justicia para las artesanas? Exígele a las fiscalías que investiguen los casos de feminicidios y violaciones a niñas indígenas.

Señala a presidentes municipales, secretarios de cultura y gobernadores que las representan como objetos de patrimonio cultural, pero no como lo que son, personas con derechos humanos y con voz propia.

Sí tú crees que tu indignación en redes sociales sirve de alguna forma para las mujeres artesanas de Puebla, Tlaxcala y el resto del país, estás engañándote a ti mismo y eres parte del problema.