Lapidación simbólica por Ángeles Zepeda - Linea de Contraste

Lapidación simbólica por Ángeles Zepeda

Cuando una mujer expresa su pensamiento con firmeza, es juzgada iracunda; sí es enérgica, está hormonal; sí toma decisiones por sí misma, es problemática; sí se atreve a maldecir, es una ofensa imperdonable porque ante la mirada inquisitiva del patriarcado, las mujeres no tenemos derecho a transgredir el molde absurdo en el que nos han encerrado

Tlaxcala, Tlax; 21 de enero de 2026 (Ángeles ZR). – A las mujeres deberían darnos un peso por cada vez que nos guardamos un “estúpido” cada que cierto personaje político o de la vida pública comenta una sandez ante un micrófono u una transmisión vivo, puedo asegurar que al final del mes tendríamos el dinero suficiente para comprar un auto, dar el enganche de un departamento o costear un viajecito dentro de la república.

Pero optamos por no hablar. Porque decir en voz alta nuestros verdaderos pensamientos en esta sociedad misógina es una condena al escrutinio.

Es muy sencilla la forma en la que este sistema de dominación masculina trabaja, desde el nacimiento simplemente se nos encierra en estos moldes que contienen las características de lo que una mujer “debe ser”: sumisa, callada, dulce, inmaculada, benevolente, pulcra, santa y todos aquellos adjetivos que construyen a la mujer subordinada.

Pero aquella mujer que se atreve a romper el molde y hacer uso pleno de su voz en esta organización androcentrista es castigada con una lapidación literal y simbólica.

Hipatia de Alejandría fue una mujer que sufrió el castigo patriarcal por hablar de ciencia en una era donde el cristianismo, con su dogma misógino que difunde el estereotipo de la “mujer pecadora”, veía el peligro en el discurso racional de la griega; ella fue linchada quedando como advertencia para aquellas que pretendieran si quiera atreverse a cuestionar lo establecido.

Aunque pareciera que en la actualidad la lapidación patriarcal ha quedado atrás en una sociedad donde las mujeres han alcanzado logros como el derecho a votar, interrumpir embarazos, elegir no casarse o decir en voz alta su opinión después de siglos de subordinación, la realidad es que ahora el castigo es simbólico.

Hoy, cuando una mujer expresa su pensamiento con firmeza, es juzgada iracunda; sí es enérgica, está hormonal; sí toma decisiones por sí misma, es problemática; sí se atreve a maldecir, es una ofensa imperdonable porque ante la mirada inquisitiva del patriarcado, las mujeres no tenemos derecho a transgredir el molde absurdo en el que nos han encerrado.

“¿Viste que esa mujer se atrevió a decirle estúpido a ese hombre?, es una grosera, seguro está menstruando, seguro no le han dado, que se vaya a hacer tortillas”, esta lapidación simbólica se gesta en nuestras conversaciones a la hora de comer reunidos en familia y se reproduce cuando comentamos publicaciones en TikTok, en Facebook y así se crea ese efecto de bola de nieve que le ha servido al patriarcado por siglos para silenciar a aquellas mujeres que lo desafían.

¿Yo te pregunto a ti, mujer? ¿Acaso no has querido gritarle a la cara “estúpido” a tu hermano cuando no puede levantar su propio plato?, ¿apretaste los dientes cuando ese profesor acosador hizo un chiste sexista en frente de toda la clase?, ¿te indignaste cuando ese gobernador dijo que una mujer tuvo la culpa de su feminicidio por caminar sola de noche? Todas son estupideces que los hombres siguen y siguen pronunciado porque tienen el amparo del patriarcado, pero también nuestro silencio. No permitamos que la lapidación simbólica nos avergüence y nos impida decir lo evidente. Ya fue suficiente de callarnos.