¿Por qué se perdió el consumo masivo del pulque? - Linea de Contraste

¿Por qué se perdió el consumo masivo del pulque?

CRÓNICAS DE YAUHQUEMEHCAN Por David Chamorro Zarco Cronista Municipal

Tlaxcala, Tlax., a 12 de marzo de 2026 (Redacción).- Es bien sabido que durante la segunda mitad del siglo XIX florecieron en Tlaxcala, Hidalgo y una fracción de Puebla y del Estado de México, diversas haciendas dedicadas al cultivo de los magueyes y a la producción de pulque. En el caso de nuestra entidad, aunque la mayor parte de las grandes unidades de producción se concentraba en el área poniente, prácticamente no había terreno que no tuviera sembradíos magueyes, especialmente en sus bordes y límites. En general los terrenos se cultivaban con la combinación del maíz, el frijol y la calabaza, todo ello con el acompañamiento de esta planta de maravillas, que es el maguey.

En consecuencia, la producción y consumo de pulque era algo generalizado en Tlaxcala y, por supuesto, en los pueblos de Yauhquemehcan. Se habla de que los abuelos y las generaciones anteriores consumían diariamente la bebida, al grado que he escuchado afirmar de manera categórica que mucha gente reducía el consumo del agua a lo estrictamente básico.

La industria cervecera en nuestro país nació hacia finales del siglo XX. La ”Cervecería Cuauhtémoc – Moctezuma“, asentada en la ciudad de Monterrey, y que con el tiempo llegó a ser propiedad mayoritaria de la familia Garza-Sada, tuvo que esperar medio siglo para despuntar por completo, pues aún después de la Revolución Mexicana, el consumo del pulque seguía siendo muy alto, en especial en la zona centro y del altiplano de nuestro país

El Maestro Mario Ramírez Rancaño ha realizado diversos estudios, en el marco de la historia económica de la región y afirma que el declive de la industria pulquera inició por las presiones fiscales que ejerció el gobierno, imponiendo tasas muy altas de impuestos a la comercialización del producto. Esto solo alentó prácticas como el contrabando (ya en algún otro artículo en que mencioné la actividad de tlachiquero de mi abuelo paterno, hice referencia al cómo llevaban el pulque a Apizaco por las madrugadas, para no ser descubiertos por los inspectores).

La Segunda Guerra Mundial, aunque nos parezca muy lejana, afectó a nuestros pueblos de muchas maneras. En primer lugar, permitió una gran oleada de gente que partió de las zonas rurales a probar suerte en las grandes urbes; en nuestro caso, nuestros antepasados de esa época se fueron a la Ciudad de México, acomodándose en diversos empleos y oficios, volviendo a sus comunidades de manera esporádica.

Una vez allí, tuvieron contacto con campañas de desprestigio al consumo del pulque que, de manera deliberada, había emprendido la industria cervecera, con el fin de ganar más adeptos. La campañas consistían en decir que el pulque era una bebida corriente y malsana, pues en los tinacales se aceleraba el proceso de fermentación de la bebida añadiendo heces fecales humanas; asimismo, se decía que el pulque era consumido por los sectores más bajos de la sociedad, por gente ruin y sin ninguna educación.

En contraste, la campaña sustentaba que la cerveza era una bebida refinada y moderna, muy propia para el consumo de gente distinguida; que la higiene de su producción y envasado estaba garantizado por el uso de envases de cristal, herméticamente cerrados; que la cerveza podía ser transportada largas distancias y conservarse en óptimas condiciones por largos periodos de tiempo, a diferencia del pulque.

De esta manera, cuando las personas que se habían ido a la Ciudad de México volvían a sus pueblos, propagaban estás ideas y mostraban resistencia al consumo del pulque.

Otros factores que también influyeron fueron, por ejemplo, la construcción de carreteras, con lo que la industria cervecera pudo movilizar a sus crecientes flotillas de camiones, e ir teniendo mayor capacidad de distribución; la radio, a través de las campañas publicitarias, también influyó sensiblemente en el cambio de hábitos de consumo, pues marcas como “Carta Blanca” recibieron gran impulso por mensajes promocionales.

Para los grandes productores pulqueros, los mercados de Puebla y la Ciudad de México siguieron siendo bastión hasta más o menos la década de 1960. Graciosas, pero muy ilustrativas, resultan las palabras del compositor Chava Flores que decía que en el México de ésa época había más pulquerías que escuelas. No obstante, factores como los ya descritos, fueron disminuyendo progresivamente el mercado.

También hay que hablar un poco de la industria licorera, pues también tuvieron su parte en el declive de la producción y consumo del pulque. Empresas como “Bacardí y Cía.”, originaria de Cuba, se establecieron en México a principios de la década de 1930, ganando mercado con mucha facilidad. Cuando estalló la Revolución Cubana, la empresa tomó a México como baluarte y en pocos decenios se consolidó. Lo mismo que la industria cervecera, la de licores uso a la radio y a la televisión para agresivas campañas publicitarias que terminaron haciendo que la gente cambiara en definitiva de hábitos de consumo.

Las últimas tres décadas del siglo XX y lo que llevamos del XXI han demostrado que el interés por el cultivo del campo en nuestros pueblos se ha desplomado. Los bajos rendimientos del trabajo agrícola han hecho que cada vez menos gente se interese en trabajar la tierra; en Yauhquemehcan, en sus diversas localidades, la gente ha preferido deshacerse de sus terrenos, vendiendolos para la construcción de viviendas; los jóvenes aspiran a graduarse en la universidad en carreras dedicadas a la industria, el comercio y los servicios, pero muy pocos a la producción agrícola o pecuaria.

El campo, por tanto, va quedando abandonado, en el olvido. Los magueyes fueron destruidos por depredadores dedicados al tráfico del mixiote, y los que quedan, están en el olvido.

Hoy el pulque es presentado como un atractivo para los turistas, más la población tlaxcalteca casi lo ha olvidado.

No cabe duda que la industria y la publicidad influyeron decididamente en el cambio de hábitos, pues en la actualidad el promedio de consumo per cápita en México es de casi setenta libros de cerveza por año, lo que nos coloca en cuarto lugar mundial en la materia.

Con nostalgia van quedando atrás los tiempos de los magueyes, los tlachiqueros y los tinacales. Muy a lo lejos se ven dos viejos, con la xoma entre las manos, recitando aquellos versos ancestrales “Agua de las verdes matas, / tú me tumbas, tú me matas, / tu me haces andar a gatas”.