SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Regresión a la vista

No sólo es el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) el que ha enseñado el cobre al llevar a cabo prácticas antidemocráticas, que en este caso fueron recientemente evidenciadas en la renovación de sus dirigencias nacional y estatal. También sus aliados electorales las han mostrado sin reserva alguna.

Es el caso del Partido Encuentro Social de Tlaxcala (PEST), cuyas asambleas en doce distritos electorales locales para elegir delegados, que a su vez elegirían a su dirigencia estatal, fueron echadas abajo por los magistrados del Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET). El motivo: irregularidades en la organización de esas asambleas, que derivaron en la manipulación para favorecer la reelección del actual dirigente estatal de este instituto político.

Algo similar puede decirse del Partido del Trabajo (PT), donde la democracia interna no existe. Las decisiones verticales favorecen a un grupo que de siempre se ha beneficiado de los recursos públicos para tener y mantener su coto de poder. En el caso de Tlaxcala, ese grupo lo encabeza ahora el diputado federal Silvano Garay Ulloa, cuyas decisiones  favorecen a su hija Irma Garay, a tal grado que ahora mismo ella forma parte de la élite política de la actual Legislatura local, después de haber manejado malamente el financiamiento público que le libera el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE).

Esos tres partidos políticos han demostrado, con hechos palpables, no ser nada diferentes a los institutos políticos que en su tiempo manejaron los destinos de este país y de esta entidad federativa. Ese es el trípode que gobierna a México y que quiere gobernar Tlaxcala.

Esos tres partidos, asociados en torno de la figura de Andrés Manuel López Obrador, son los mismos que no solo violentan la democracia interna dentro de sus filas, sino que también lo hacen para, desde el Congreso del estado, disponer y manejar recursos públicos en su beneficio particular, político y económico. Ningún ordenamiento jurídico les da esa facultad.

Si el titular del Ejecutivo local decidiera llevar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) una impugnación para echar abajo los recursos que se seguramente se aprobarán los legisladores para manejarlos a su antojo en programas inventados por ellos mismos, ganaría con la mano en la cintura. Sin embargo, no lo hizo el año pasado y no lo hará este año para tratar de mantener gobernabilidad.

Ha preferido, como estrategia, horadar la precaria unidad que existe en esos tres partidos (Morena, PT y PEST). Y lo ha logrado gracias a las disputas internas que existen en los grupos de esos mismos tres institutos políticos. Esos grupos, que a su vez, buscan a toda costa ganar posiciones no sólo dentro del Poder Legislativo, sino también del Poder Judicial, de los órganos autónomos y de los ayuntamientos.

Si creíamos haber visto demasiado en pasadas Legislaturas locales, no previmos lo que pasaría con la actual. Nos quedamos cortos. Esos tres partidos, acompañados por otros que aprovechan la coyuntura, son igual o peor que ayer fueron gobierno. Pero no hay que confundirnos, quienes dirigen esos partidos son de la misma talla porque sus filas están llenas de aquellos que en el pasado dijeron aborrecer. Ejemplos hay muchos en el ámbito nacional y en el local.

Ninguno de esos tres partidos políticos trae algo nuevo bajo el brazo y eso debe ser motivo de preocupación, no sólo porque los males de los cuales nos quejamos en el pasado seguramente continuarán, sino porque podrían acentuarse con el peligro de una regresión autoritaria que ya se creía superada.

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