SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Rumbo al (penúltimo) informe

Algo está haciendo mal el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez, que las encuestas no favorecen su imagen ante quienes le interesa quedar bien: a sus gobernados. La última encuesta publicada en El Heraldo de México, diario que periódicamente ha medido a los mandatarios de todas las entidades de la República, lo ubica entre los cinco gobernadores con menor calificación. Veamos.

Apenas el 19.4 por ciento de los tlaxcaltecas encuestados tiene confianza en la integridad del mandatario estatal, un 21.4 por ciento la tiene en su capacidad y un 25.7 por ciento en su honestidad.

Quienes han seguido de cerca las encuestas de El Heraldo de México y otras más, la constante en el resultado de las evaluaciones ha sido una baja calificación para el titular del Ejecutivo. Dentro de la administración estatal habrá explicaciones para ello, pero de cara a lo que será su penúltimo informe de gobierno, la situación debiera preocuparle a él y a los suyos porque si así se mantiene, los índices de reprobación los resentirá su partido, el Revolucionario Institucional (PRI), ya no para intentar retener la gubernatura, sino para buscar presencia en el Congreso y mantener el mayor número de los municipios que hoy gobierna.

El problema, para el Ejecutivo y para el partido en el poder en Tlaxcala, es que una de las suyas, la principal figura ubicada para alcanzar la candidatura tricolor al gobierno del estado, también no cuenta con buenas evaluaciones. Por ejemplo, de los 2 mil 457 municipios del país, Anabel Ávalos Zempoalteca está ubicada en el lugar 100 de entre las peores evaluadas en el nivel de confianza, de acuerdo con una medición realizada por Massive Caller.

Lo anterior significa que, a tres años de iniciado el gobierno municipal existe una decepción porque la gobernante no ha resuelto problemas que las personas sienten de cerca, tales como la inseguridad, la poca inversión que ha habido en su administración para obra pública y hasta los baches de algunas de las vialidades más importantes de la ciudad capital. Se ha enfocado a integrar un gabinete plural sí, pero eminente político que le ha servido más trabajar de cara a los comicios que se avecinan, que a resolver los problemas cotidianos.

En lo que se refiere al gobernador, su imagen no es la mejor entre los tlaxcaltecas. Su figura, parecería, es demasiada gris en comparación a la de sus antecesores y no tiene el contacto que debería tener con la gente en los municipios, situación que le hace perder empatía. Además, en lo que a obra pública se refiere, si bien existen avances en las principales a las que él se comprometió, se observa una falta de compromiso para entregarlas a tiempo. El ejemplo más claro lo representa la ampliación del estadio Tlahuicole.

A 10 días de realizarse el penúltimo informe de gobierno por parte de Marco Antonio Mena, la evaluación en su conjunto no es tan positiva como él mismo quisiera verla. No sólo las encuestas de imagen lo reflejan, sino también las tendencias de voto a favor de Morena.

Si bien a raíz de los resultados electorales de 2018 dio un manotazo sobre la mesa para reclamar la falta de lealtad y trabajo de varios que le acompañaban en el gabinete, es un hecho que los cambios no correspondieron en proporción a la debacle en los comicios. Lo peor: no hubo ni los cambios que se esperaban hubiera, ni quienes se quedaron o llegaron apresuraron el paso para dar mejor y prontos resultados.

La reacción de quien encabeza el gobierno ha sido lenta y eso mismo se nota en su gabinete, pero no sólo en éste. La falta de agilidad lo representa el cambio en el PRI, donde un dirigente que en gran parte fue responsable de los resultados electorales de 2016, sigue en la presidencia del Comité Directivo Estatal.

La falta de reflejos es con todo propósito para entregar el poder, o existe una incompetencia para agilizar el paso y para dar mejores resultados. Ahí está la hipótesis de trabajo.

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