SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

¿Y dónde está el PRI?

El partido en el poder en Tlaxcala, el Revolucionario Institucional (PRI), se encuentra sin cabeza desde hace mes y medio. Seis semanas en el limbo parecen ser muchas si se tratara solo de acomodar la agenda del líder nacional tricolor, Enrique Ochoa Reza, para que el ex secretario de Gobierno, Florentino Domínguez Ordoñez, tome protesta como presidente del Comité Directivo Estatal.

Algo sucede en ese instituto político que no es público, lo que ha originado un sinfín de rumores de todo tipo. El más significativo de ellos es que personajes ligados al ex gobernador Mariano González Zarur son los ocasionantes del retraso al haber interpuesto una queja ante el Comité Ejecutivo Nacional priista, acusando a Domínguez Ordoñez de haber actuado, en 2004, contra los intereses del PRI.

Hay motivos para dar crédito a semejante rumor. El principal es que Mariano González Zarur, entonces candidato del PRI a la gubernatura en los comicios locales de ese año, no tuvo el apoyo de Florentino Domínguez Ordoñez cuando éste era diputado federal. Y es que es público que su trabajo político lo dedicó a apoyar a Héctor Ortiz Ortiz, a la postre candidato ganador postulado por el Partido Acción Nacional (PAN).

Sea cierto o no ese rumor, el hecho es que la falta de un dirigente estatal en el PRI no favorece el gobierno de Marco Antonio Mena Rodríguez. Más bien le afecta.

Por ejemplo, en el cumplimiento de los primeros cien días de la actual administración menista, los partidos de oposición criticaron duramente al titular del Ejecutivo por los nulos resultados habidos en el actual gobierno. Y el PRI brilló por su ausencia. Una ausencia no justificada si se considera que, formalmente, Blanca Águila Lima sigue al frente del tricolor, aunque sea como presidenta interina.

La ausencia de dirigencia impide al PRI responder las críticas que de todo tipo se han hecho al gobierno de Marco Antonio Mena en las últimas semanas, particularmente en materia de seguridad pública. Ha sido el propio gobernador el que ha tenido que salir a escena, ante la ausencia bastante notable de los funcionarios del ramo. Los integrantes del gabinete no están ayudando al mandatario estatal, quien ha tenido que asumir el desgaste personal que ocasiona salir a los medios prácticamente todos los días y hablar como todólogo, aunque no domine el tema.

El problema es que el PRI está a tres semanas de una elección local extraordinaria en siete comunidades, que marcará el inicio de los trabajos partidistas rumbo a las elecciones del próximo año, en que habrá de renovarse el Congreso del estado, las diputaciones federales y las senadurías.

Las elecciones del próximo año no son cualquier cosa. Con ellas está en juego el éxito o el fracaso de este gobierno, pues si pierde la mayoría en el Congreso local no tendrá el respaldo político necesario para sacar adelante sus iniciativas legales y un presupuesto a modo. Ya no se diga la aprobación de sus cuentas públicas o de reformas a la Constitución y a las normas electorales con las que su partido deberá enfrentar comicios venideros.

Ocupada como está la dirigencia nacional priista con el proceso electoral que se vive en el Estado de México, está descuidando una entidad federativa que estuvo dos periodos consecutivos en manos de la oposición, y en donde si no hay resultados favorables y positivos en el gobierno, podría venir una nueva derrota.

La propia dirigencia nacional del PRI está abonando, queriendo o no, a un futuro enfrentamiento entre prospectos marianistas y prospectos menistas. Las diputaciones federales y las senadurías son un bocado que los grupos van a disputar, sobre todo porque uno de los cargos de elección popular federal será la antesala a la gubernatura en 2021.

Mena Rodríguez tiene la responsabilidad del gobierno, es cierto, pero también la tiene de su partido. Y no puede darse el lujo de perder un espacio principal, como lo es el partido que lo respaldó para llegar a Palacio de Gobierno, donde ahora despacha. Él es el principal actor que debe pujar porque la presidencia del PRI en Tlaxcala se defina en el corto plazo. De no hacerlo, habrá arrepentimiento. Eso es seguro.

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