SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Ex Legislatura de vergüenza

Si alguna duda había de que la anterior Legislatura local, la número 61, era la peor de la historia de Tlaxcala, ayer quedó confirmada la percepción con el Informe Legislativo 2017 que presentó el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Tan solo durante 2016 cada uno de sus 32 integrantes presentó, en promedio, cuatro iniciativas ante el Pleno Legislativo. Seis menos que el entonces titular del Ejecutivo, Mariano González Zarur, que presentó diez. Lo grave del caso es que el 80 por ciento de esas iniciativas fue aprobada por los legisladores, confirmándose así que es el gobernador el principal legislador en Tlaxcala.

El año legislativo 2016 no fue exclusivo de la improductividad. Ésta tuvo su inicio desde el primer año, en 2014, cuando el ahora gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez encabezó la Junta de Coordinación y Concertación Política del Congreso local. La confrontación entre los principales grupos parlamentarios fue una constante, al igual que la incapacidad política de quienes encabezaron los grupos parlamentarios para sacar adelante una agenda decorosa y bien trabajada.

Legislar sobre las rodillas fue un sello que caracterizó a los ex diputados locales. Como ejemplo de lo anterior puede enunciarse la Ley de Educación, que así como fue reformada se le realizó de inmediato una contrarreforma que selló, entonces, una alianza entre el ex mandatario Mariano González Zarur y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que se extendió meses después con una candidatura común en las elecciones locales del año pasado.

La reforma constitucional en materia electoral, así como su legislación secundaria, es otro ejemplo de lo que fue legislar sobre las rodillas. Vale recordar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) enmendó la plana en más de una ocasión a los diputados locales al declarar inconstitucionales varios artículos, por más que el ex presidente de la JCCP del Congreso del estado, Ángelo Gutiérrez Hernández, minimizara las enmiendas.

Pero si en materia legislativa el trabajo de los ex diputados fue altamente cuestionable, también lo fue la discrecionalidad con que erogaron los recursos económicos que tuvieron a su disposición. Hubo ajustes trimestrales que, literalmente, se repartieron a su bolsillo de manera individual. (Tal vez por eso los actuales legisladores buscan otra vez impulsar reformas al Código Financiero para, de nuevo, tener ese privilegio y combidarle de más recursos al Poder Judicial, que se ha convertido en otro barril sin fondo en el otorgamiento de partidas presupuestales para sus magistrados).

Lo que derramó el vaso en la pasada Legislatura fue la desfachatez con la que varios diputados actuaron para autorizarse la asignación de plazas laborales para amigos, familiares y colaboradores cercanísimos.

Con esa amargo antecedente a cuestas entró en funciones la actual Legislatura local que, para decirlo claramente, parece seguir los pasos de su antecesora. Apenas sentados en sus curules el acuerdo primario de los actuales legisladores fue repartirse el botín de los cargos directivos en el Legislativo, el recurso económico que les sirvió para adquirir un modesto automóvil y distribuirse por cuotas las Comisiones legislativas.

En contra parte, su trabajo legislativo se ha visto poco, casi nada. La mayoría de reformas a las leyes locales ha sido a propuesta del titular del Ejecutivo, que no desaprovecha seguir como el principal legislador del estado.

En vísperas del inicio del proceso electoral federal que servirá para elegir presidente de la República, senadores y diputados federales, los representantes populares que cobran en el Congreso local deben tener presente que las naturales posturas partidistas que buscan generar simpatías electorales de cara a 2018, impedirán acuerdos legislativos importantes.

Así es que si no aprovechan los pocos meses venideros que tienen, nuestros actuales diputados locales también serán recordados por su bajísima productividad y el deseo insano de solo obtener dinero del erario. No por nada los legisladores son los peor calificados del país. Lo tienen merecido.

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