Resumen

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

En Sin Línea, Horacio González habla sobre Marco Mena y la elección presidencial

Nepotismo de élite

Existen varios motivos por los cuales en México existe cada vez más molestia en contra de los políticos. La corrupción que existe en las altas esferas gubernamentales, la inacción para investigar y, consecuencia de ello, la impunidad para no castigar hechos ilícitos, como el desvío de recursos, tienen a una sociedad fastidiada de la clase política.

Ya es común leer y escuchar que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es sinónimo de corrupción e impunidad, por eso hay un hartazgo que ahora mismo se refleja en los resultados de encuestas que se ven difíciles revertir. El tricolor, en las fotografías recientes que muestran los estudios demoscópicos, se ubica en un lejano tercer lugar.

Sin embargo, hay que decirlo, la corrupción no es exclusiva del PRI. Ésta se ha anidado también en los partidos de oposición, cuyos militantes agraciados con altos puestos de gobierno y de representación política han aprovechado para acrecentar su riqueza personal y familiar, gracias al voto de quienes en las urnas se han inclinado por la alternancia partidista. Por eso la democracia ha resultado insuficiente para un gran número de mexicanos.

Desde que se puso de moda el perdón de Andrés Manuel López Obrador hacia los pecadores  que en su momento fueron priistas acendrados -y que ahora se ha abierto el abanico hacia militantes de otros institutos políticos-, al Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se han incorporado personajes de todo tipo, cuyas acciones merecen los peores calificativos.

Es el caso de la senadora Martha Palafox Gutiérrez, quien en las elecciones de 2016 fue –ni más ni menos- que la candidata de Morena a la gubernatura de Tlaxcala. El voto hace un par de años la colocó en su exacto lugar y qué bueno que sucedió así, pues de haber ganado seguramente presenciaríamos un nepotismo tan acendrado en la administración pública estatal, con la presencia de sus hijos en varios cargos gubernamentales.

Y ya es mucho decirlo, pero tal vez ese nepotismo sería mayor que aquel que se vivió en el gobierno de Héctor Ortiz Ortiz, cuyos hermanos ocuparon altas responsabilidades gracias a los buenos oficios de quien ahora mismo ocupa la presidencia del Consejo Mayor del Partido Alianza Ciudadana (PAC), el hermano más destacado.

Pero a fuerza de ser equitativo en la crítica que se hace en esta columna, el mismo gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez hace gala de nepotismo, sólo que no tan descarado porque su hermano Fabricio ocupa una cartera dentro del Comité Directivo Estatal del PRI, que seguramente no ocuparía si el tricolor no hubiese ganado la gubernatura en los comicios locales de 2016.

Lo que actualmente sucede con los hermanos Mena puede ser algo parecido a lo que se vivió en los tiempos de Alfonso Sánchez Anaya, cuando impulsó a su esposa María del Carmen Ramírez a la senaduría para después imponerla –con la ayuda de excelentes abogados en materia electoral- como candidata perredista al gobierno del estado, sólo que no le alcanzó el voto de los tlaxcaltecas para hacer realidad ese propósito.

En fin, que si de nepotismo hablamos, ningún partido se salva. Pero eso sí, mientras, la familia del rey disfruta del poder transitorio, en la calle una cruda realidad es la que viven miles de personas. La falta de empleo, la inseguridad, trabajos poco o insuficientemente remunerados es algo que padecen muchas familias tlaxcaltecas.

Ojalá tuviéramos la oportunidad de tener mejores partidos y gobernantes, pero –hay que reconocerlo- es casi imposible ver eso en el corto y mediano plazos. Sin embargo, pese a todo, hay esperanza de un mejor mañana.

Lineazo: Y en ese contexto, varios diputados locales buscan su reelección a sabiendas de que su labor legislativa ha dejado mucho qué desear. Ya veremos quién cumplen su propósito.

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