SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Chapulines

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador criticó a ex funcionarios del gobierno federal por pasarse de la administración pública a empresas de la iniciativa privada, no vio la paja en el ojo propio sino en el ajeno. A esos ex funcionarios los tachó, sin tapujos, de “chapulines”.

Sin embargo, en el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no cantan mal las rancheras. Existe un sinnúmero de “chapulines” entre su militancia, no solo por tener entre sus filas a quienes pertenecieron a otros partidos políticos, sino porque ocupando cargos de elección popular están brincando a la administración pública.

Sobre este último caso destacan, en Tlaxcala, los casos de Lorena Cuéllar Cisneros y José Antonio Álvarez Lima. La primera al brincar de diputada federal a delegada federal en el estado, y el segundo al tener un asiento en el Senado para, próximamente, ocupar la dirección en el Canal 11.

Son casos destacados pero no los únicos. Otros “chapulines” tienen un perfil más bajo. Es el caso del diputado local Rafael Ortega Blancas, quien después de dos intentos por ocupar un cargo de elección popular, llegó al Congreso del estado impulsado por el tsunami lopezobradorista que inundó el país en los comicios de julio de 2018.

Ortega Blancas puede ser, sin duda, un caso de estudio en Tlaxcala. Contendió por el Revolucionario Institucional (PRI) para buscar la presidencia municipal de Apizaco en 2013, candidatura que alcanzó debido a sus buenas relaciones con el entonces secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong. Sus dotes de torero y las enseñanzas que daba a uno de los vástagos del hoy coordinador de la bancada tricolor en el Senado de la República, le ayudaron para conseguir la candidatura por encima de otros priistas que políticamente tenían más méritos.

Sí, consiguió la candidatura pero no el triunfo electoral porque su victoria fue revertida por un fallo emitido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ante las irregularidades existentes en el conteo de votos.

Fracasado en su intento de llegar a la alcaldía rielera, tres años después buscó la diputación local, pero ahora postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Una vez más, sin embargo, su popularidad como torero no le sirvió para alcanzar la curul, es decir, fracasó en su intento a pesar de que recibió todo el respaldo político de Lorena Cuéllar Cisneros en 2016.

En 2018, arropado por la misma Lorena Cuéllar, Morena lo impulsó como su candidato a diputado local. La tercera fue la vencida y, ahora mismo, desde el Congreso del estado Rafael Ortega ejerce una enorme influencia que no se refleja, sin embargo, con iniciativas de ley o con su trabajo legislativo. Su influencia radica en el recurso económico que maneja desde la presidencia del Comité de Administración del Congreso local.

Ese control que ejerce de los dineros le hace ser uno de los diputados consentidos no sólo por sus compañeros de bancada, sino por el resto de las fracciones y representaciones partidistas con presencia en el Congreso local. Hay motivo: desde la presidencia del Comité de Administración, Ortega Blancas cuenta con 150 mil pesos mensuales, que son independientes a su salario como legislador. El morenista puede disponer de esa cantidad a su libre albedrío, y son varios los diputados locales que se han beneficiado del ejercicio discrecional de ese recurso.

Pero eso no es todo. Mientras la bancada mayoritoria promueve, de boca para afuera, la austeridad republicana para poderes, municipios y órganos autónomos, en el Congreso local existe un recurso de 50 mil pesos tan solo para el pago de viandas y comida que se utilizan en cada sesión legislativa. Es decir, en cada sesión los diputados cuentan con 2 mil pesos cada uno. Y ese recurso es administrado por Rafael Ortega.

La buena estima que los legisladores locales tienen para con el matador de toros no proviene sólo del recurso económico que maneja desde la presidencia del Comité de Administración. Todos los diputados han recibido la autorización para tener espacios laborales a fin de beneficiar a los suyos dentro del Poder Legislativo, y algunos, incluso, han tenido la oportunidad de proponer proveedores que son aceptados con el paso de las semanas. Todo con la autorización de Ortega Blancas.

Tarde, pero parece que al morenista Rafael Ortega le hizo justicia la Revolución. No sólo por la estima que sus compañeros legisladores le profesan, sino porque -al parecer- terminado su encargo se dedicará a negocios particulares. Y es que, vale decir, no son pocos los que comentan que sus intereses están inmiscuidos en la plaza comercial que en la ciudad de Apizaco se construye, a tan solo media cuadra de la Junta distrital del Instituto Nacional Electoral (INE). Ejemplos de la Cuarta Transformación.

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