SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

AMLO en Tlaxcala

La gira de trabajo de Andrés Manuel López Obrador a Tlaxcala, si ésta se concreta el viernes como ya circula en los medios de comunicación, llega en un momento bastante álgido para su gobierno y para la coordinadora estatal de programas federales, Lorena Cuéllar Cisneros.

Uno supondría que López Obrador llegará a anunciar los avances existentes de los programas sociales manejados por su gobierno y a entregar apoyos a los beneficiarios. Pero seguramente no será en todos los casos, pues hasta hace un par de semanas existía un rezago de 28 por ciento en el de personas adultas mayores y de 46 por ciento en el de personas con discapacidad.

No es sólo el atraso en la conformación de los padrones, sino el uso clientelar que algunos de los programas han tenido, señaladamente el de jóvenes construyendo el futuro. Diputados locales y autoridades municipales están involucradas en presuntas irregularidades que, en caso de dejarse pasar, sentarían un mal precedente.

La verdad es que el retraso, el apresuramiento y la utilización de programas con fines político-electorales han dejado mal parada a la súper delegada federal, Lorena Cuéllar, quien ha recibido múltiples cuestionamientos por su desempeño y el de su equipo de colaboradores. Eso, en sí mismo, merecería un fuerte llamado de atención.

El centro del problema es que la utilización de los programas, no sólo en el caso de Tlaxcala, sino en la gran mayoría de las entidades federativas, se da por la designación de funcionarios con clara agenda política, como sucede en el caso de Cuéllar Cisneros, quien perdió la elección frente al hoy gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez. Es así porque ella es una de las principales aspirantes a la candidatura en 2021 por parte del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Tlaxcala.

Es en ese contexto que los cuestionamientos surgen con naturalidad por parte de sus opositores internos y externos. Por eso lo apropiado es que el presidente de la República ponga un alto, sea en público o sea en privado, al clientelismo político-electoral que han hecho diversos actores de los programas sociales implementados por el gobierno federal.

Por otro lado, López Obrador trae encima sus propios problemas, en gran parte originados por la incontinencia verbal que tiene todas las mañanas en sus apariciones ante los medios de comunicación en Palacio Nacional. A esa incontinencia se le suma la problemática de los recortes financieros que ha habido en la mayoría de las Secretarías y dependencias gubernamentales, a grado tal que se reflejó con la salida de Germán Martínez de la Dirección General del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

La última renuncia en su gabinete, la de Josefa González Blanco Ortiz Mena como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tiene su origen no sólo en la incompetencia que la ex funcionaria mostró en diversos problemas que se le presentaron (el sargazo, la falta de nombramiento en la Comisión Ambiental de la Megalópolis y la contingencia ambiental en la ciudad de México), sino también en las medidas de austeridad. Y es que la funcionaria no tenía que haber hecho gala de influyentismo, si a su disposición hubiera estado una aeronave para cumplir con sus obligaciones gubernamentales.

Ahora mismo la lista de periodistas “chayoteros” le ha traído problemas a López Obrador, porque no fueron “dádivas” las que se les entregaron, sino acuerdos de publicidad que hubo con gobiernos anteriores. Bien lo precisa Salvador Camarena en su columna de este lunes en El Financiero: “Como experiodista, el vocero presidencial es un volador de notas. Como funcionario público, es alguien que declaró en falso”.

Ese es el contexto político en el que llegaría López Obrador a Tlaxcala. Nada halagador, por supuesto.

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