SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Camacho Higareda

Pese a no tener mérito político alguno en su trayectoria laboral, el secretario de Educación Pública del Estado (SEPE), Manuel Camacho Higareda, es mencionado como uno de los aspirantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la gubernatura del estado para competir en los comicios de 2021. Sin embargo, esa candidatura no depende de él, sino de su amigo, el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez.

Ambos coincidieron plenamente en el proceso electoral local de 2016 y concretaron una buena amistad, de alguna manera motivada por la coincidencia intelectual que les dio la academia. Esa cercanía se acrecentó a tal manera, que sin ningún mérito político alguno, ni siquiera académico, Camacho Higareda recibió la encomienda de encabezar una de las posiciones acaso más difíciles en Tlaxcala por lo que implica la política magisterial, que incluye al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la disidencia sindical.

Si de verdad el mandatario estatal estima a Camacho Higareda, entonces debería evitarle una crisis mayor a su amigo porque inevitablemente enfrenta un desgaste político que, de continuar por la misma ruta, le impediría cualquier posibilidad de triunfo en las urnas, con la agravante de que el tricolor ya no es más un activo electoral, sino un lastre demasiado pesado.

El problema, en realidad, no es Manuel Camacho, sino la forma de gobernar del propio mandatario. Pare decirlo claro: el titular de la SEPE-USET no es el que toma decisiones, pues su papel se limita a ser un simple administrador que por ello mismo no ha podido salir victorioso de los conflictos que ha tenido enfrente. El último de ellos: la salida del director de Educación Terminal, Jesús Antonio Pérez Varela, de quienes los maestros de las cuatro escuelas normales de la entidad exigían su salida.

El problema se extendió tantos días como fue necesario para conservar a ese funcionario, pero al final las autoridades claudicaron. La claudicación la explicó un comunicado de prensa en la que se informaba que el gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez había designado a Erna Sierra Arias en sustitución de Pérez Varela.

Ahora mismo, el titular de la SEPE-USET enfrenta otro conflicto con una delegación sindical que exige la salida de otra funcionaria: Claudia Inés Xochihua Rodríguez, directora de Relaciones Laborales, a quien acusan de acoso laboral. El conflicto lleva un mes y no se ve para cuándo concluya, a menos que otra vez la autoridad doble las manos.

Para agravar la situación, en medio de ese problema un grupo nada despreciable de supervisores y jefes de sector de educación básica acusó recientemente una falta de organización y planeación en diversas áreas administrativas de la USET, así como despido injustificado de personal y carencia de recursos materiales y humanos en la dependencia.

De  las deficiencias responsabilizaron directamente a Camacho Higareda, quien –aseguran- “no ha mostrado voluntad ni sensibilidad” para atenderlos y solucionar las carencias acumuladas desde hace varios años.

El problema no es menor. Y si bien el gobernador tiene en Manuel Camacho a uno de sus leales, la lealtad ha sustituido la capacidad política de quien encabeza el sector educativo en Tlaxcala, a tal grado que desde hace un mes la dependencia se encuentra cerrada.

Al funcionario le han tomado la medida y su debilidad de resolución la resiente Marco Antonio Mena Rodríguez. Es posible que la coyuntura de renovación en las dirigencias seccionales del SNTE tenga que ver con los problemas que enfrenta la SEPE-USET, pero eso no es pretexto para buscar conservar la gobernabilidad. Problemas de tales magnitudes no se habían presentado en sexenios anteriores, por eso ojalá la situación no se extienda más allá del inicio del próximo ciclo escolar, porque el actual ha prácticamente concluido, y no hay buenas cuentas para entregar.

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