SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

El PRI y sus designaciones

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), dividido, no irá a ninguna parte más que a una derrota estrepitosa en las elecciones de 2021, similar a la que tuvo en los comicios de 2018 cuando fue apabullado por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados, los partidos del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PEST).

El tricolor salió sumamente disminuido en 2018, resultado de una fractura en el grupo gobernante de los últimos nueve años. La división tuvo su origen en la ambición de imponer al candidato priista a la gubernatura en 2021, por eso se dio la separación política entre el ex gobernador Mariano González Zarur y el actual mandatario Marco Antonio Mena Rodríguez.

Ese diagnóstico parece estar en la mesa de la nueva dirigencia nacional del PRI, encabezada por Alejandro Moreno. Eso puede verse, al menos, en el nombramiento hecho público la semana pasada de Mariano González Aguirre como secretario de Atención para los Estados de Oposición del Comité Ejecutivo Nacional.

Ninguno de los grupos encabezados por González Zarur y Mena Rodríguez es suficiente para ganar, ya no la gubernatura en 2021 ni un mayor número de municipios de la entidad, sino tener presencia significativa en el Congreso del estado. Esta última le permitirá al PRI no sólo ser contrapeso de quien ocupe Palacio de Gobierno, sea hombre o mujer, sino defenderse de posibles embates relacionados a la cuenta pública del Ejecutivo.

Si de ello hay duda, bastaría repasar los resultados de la última encuesta realizada por Massive Caller, en la que Morena tiene una ventaja de 30 puntos porcentuales, la cual parece imperdible por cómo están actualmente las cosas. No se diga de Acción Nacional (PAN), cuyo dirigente, Marko Cortés, descartó este fin de semana en Jalisco hacer alianzas políticas en las elecciones intermedias de 2021.

Así que la prioridad de la dirigencia nacional tricolor es la unidad interna conservando grupos y tratando de hilar fino. Sin embargo, en el caso de Tlaxcala se antoja difícil que la unidad se concrete en los hechos. Por lo pronto, en el caso del actual grupo gobernante, todo parece decantarse para respaldar a la alcaldesa de la capital tlaxcalteca, Anabell Ávalos Zempoalteca, pues las piezas propias (por llamarlas de alguna manera) no crecieron ni crecerán.

En este contexto, además, hay un problema: los resabios de Anabell Ávalos en contra de González Zarur todavía están a flor de piel, debido al maltrato de que ella fue objeto cuando ocupó la Secretaría de Gobierno en los inicios del sexenio pasado. No fue poca cosa y ella lo ha dicho claro en eventos públicos: fue minimizada y ninguneada, no tomada en cuenta en asuntos de clara trascendencia, como la intervención de la policía federal en el conflicto que se dio con la policía estatal en 2011.

Por lo que se observa, la apuesta priista no parece fácil. Y lo cierto es que la ventaja que Marco Antonio Mena tiene sobre González Zarur, por el hecho de ser gobernador, tiene que concretarse en la postulación de candidaturas clave con posibilidades reales de ganar. No hacerlo de esa manera tendrá, como resultado, una derrota anticipada para él y su gobierno, no sólo por perder la gubernatura –como ya se vaticina- sino porque Tlaxcala será una de las entidades federativas atendidas por Mariano González Aguirre. Y eso no es poca cosa.

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