SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ - Linea de Contraste

SIN LÍNEA Por HORACIO GONZÁLEZ

Poder Judicial de Tlaxcala: corrupción y opacidad

Es de todos sabida la podredumbre que existe en los intestinos del Poder Judicial. En nuestro país, sin embargo, lo que de antaño se conocía en los pasillos de las altas esferas políticas y económicas, puede conocerse hoy a través de los medios de comunicación. En las últimas dos semanas se presentaron un par de casos que cimbraron, fuerte y profundo, las entrañas de ese Poder.

Tales casos son la renuncia de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y la suspensión indefinida del magistrado federal Jorge Arturo Camero Ocampo. Ambos, seguramente, tendrán repercusiones no sólo en lo que a sus casos corresponde, por todo lo que parece estar detrás de ellos, sino porque obliga a una seria revisión de las entrañas del Poder Judicial, donde la justicia muchas veces es comprada por aquel que tiene posibilidades de hacerlo.

Lo que no gusta es que las baterías parecen están dirigidas a juzgadores incómodos de quien actualmente ejerce el poder desde la presidencia de la República. La revisión debiera abarcar a más actores internos del Poder Judicial e ir a las profundidades de la podredumbre existente en muchas de sus áreas. A la par, también, la revisión debe abarcar a los poderes judiciales de las entidades federativas.

En Tlaxcala es sabida la corrupción que existe por parte de jueces y magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE). Sin embargo, poco se ha hecho, o tal vez nada, para iniciar todo un proceso de limpia necesarísimo.

Los mismos magistrados del Poder Judicial local se conocen entre sí. Y saben ellos quiénes están coludidos con despachos de abogados y grupos de abogados. Y saben también qué jueces, y otros funcionarios judiciales menores, forman parte de ese contubernio. Nada se ha hecho.

Desde que hace cuatro meses asumió la presidencia del TSJE y del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial, Mario Jiménez Martínez ha hablado de todo y se ha preocupado de todo, pero ha sido clara su omisión al tema que hoy es moda en nuestro país: la corrupción. Nada ha dicho ni ha realizado.

Su presidencia es una mera continuidad de quienes le han antecedido en el cargo. Ni siquiera ha puesto sobre la mesa un plan mínimo de trabajo para los meses que estará en esa responsabilidad, una de las más importantes en Tlaxcala. Y eso que él buscó varias veces, sin éxito, alcanzar el cargo que hoy ocupa, lo que hace más grave la omisión.

Su actividad ha sido sólo la de un administrador. Busca la complacencia de sus pares para que su presidencia conserve gobernabilidad. Ha preferido atender los espacios mediáticos para ocuparse de los dineros venideros, acaso porque sabe que eso sí llena bolsillos y egos.

El problema es más grave aún si se considera que el problema mayor del Poder Judicial es no sólo la corrupción que existe en sus entrañas, sino la opacidad con la que se conduce. Organismos autónomos, como el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) y el Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET) se han puesto delante suyo con la transmisión de sus sesiones de Consejo General o de Pleno.

Pareciera, triste realidad, que el Poder Judicial trabaja en oscuros laberintos difíciles de rastrear por una sociedad que es víctima de quien debiera ser su fortaleza para salir de la mendicidad a la que hoy en día es obligada a sufrir.

Lineazo: Mientras Morena atraviesa la dificultad de resolver los conflictos que acarrea la renovación de sus órganos de dirección, los aspirantes priistas continúan con su labor para alcanzar la candidatura a gobernador en 2021. Véase si no: la alcaldesa capitalina Anabell Ávalos Zempoalteca hace puentes con todos los actores, el último de ellos, la jerarquía de la iglesia católica en el estado. El presbítero Manuel Zamora García recibió la Presea Tlaxcala, el reconocimiento más importante que la autoridad municipal hace a un ciudadano.

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