SOCIOLOGANTE Por La Dra. Elsa Martínez Flores
Grok: de la sátira a la manipulación visual
Cuando Elon Musk, dueño de la red social X, impulsó su inteligencia artificial Grok en 2023, su objetivo fue crear una IA entrenada en tiempo real a partir de las preguntas e inquietudes de los usuarios, y que se diferenciara de modelos como ChatGPT, a los que Musk ha calificado como conservadores.
Elon Musk y xAI anunciaron ese mismo año que la personalidad de Grok estaría inspirada en “The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy” de Douglas Adams, una obra caracterizada por el sarcasmo, el absurdo y la rebeldía. Esta referencia influyó en un modelo diseñado para responder con ingenio y con menos filtros discursivos.
Desde su origen, el diseño de Grok apostó por una escritura irónica, provocadora y poco contenida. A diferencia de otros sistemas, su rasgo distintivo no fue la precisión técnica, sino el tono, buscando posicionarse como una IA “menos correcta” y más alineada con la conversación irreverente de la plataforma X.
Con el tiempo, esta forma de escritura amplificada algorítmicamente ha generado polémicas recurrentes. No tanto por el contenido específico de sus respuestas, sino por la manera en que privilegia lo llamativo y controversial. La polémica se convierte así en un mecanismo para ganar visibilidad y sostener la atención.
En paralelo, Grok también incorporó funciones de generación y modificación de imágenes como parte de una estrategia técnica para competir con otras inteligencias artificiales. Estas capacidades no derivan de su inspiración literaria, sino de la expansión del modelo desarrollado por xAI.
Sin embargo, esta implementación abrió un nuevo frente de cuestionamientos públicos. Las denuncias por imágenes manipuladas se han registrado en países como Reino Unido, Francia e India, lo que ha puesto en evidencia fallas persistentes en los mecanismos actuales de control y prevención.
Más allá de los ajustes técnicos anunciados, el caso Grok muestra cómo la innovación suele avanzar con mayor rapidez que los marcos regulatorios nacionales e internacionales. En esa desincronización emergen tensiones clave entre la tecnología, el poder corporativo y la regulación, para abrir el eterno debate social y ético de cómo debe funcionar una IA.
