SOCIOLOGANTE Por La Dra. Elsa Martínez Flores
La ciberseguridad comienza por la protección de uno mismo
El cibercrimen ha dejado de ser un fenómeno lejano o exclusivamente técnico. Hoy se manifiesta en prácticas concretas que atraviesan la vida cotidiana: desde fraudes digitales hasta esquemas complejos de suplantación de identidad.
Sus efectos no se limitan a pérdidas económicas, sino que impactan directamente en la privacidad, la seguridad personal y la confianza en los entornos digitales. Mientras los jóvenes dominan el ecosistema digital, millones de adultos navegan en condiciones de vulnerabilidad.
Existe una población adulta que no creció en entornos digitales y que hoy interactúa con estas herramientas sin identificar plenamente los riesgos. El problema no es su uso, sino la falta de alfabetización digital frente a un entorno donde las amenazas evolucionan constantemente.
Mensajes urgentes, enlaces sospechosos y suplantación de identidad forman parte de una dinámica cotidiana que muchas veces no se reconoce como amenaza en México y muchas partes del mundo.
Desde la perspectiva de Lawrence Lessig, el diseño de los entornos digitales regula el comportamiento de los usuarios. Sin embargo, cuando estos no comprenden las reglas implícitas del sistema, la protección tecnológica resulta insuficiente y el riesgo se traslada al individuo.
En nuestro país, la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, ha anunciado que en 2026 se impulsará una actualización constante de esta estrategia. Este anuncio representa una oportunidad, pero también un reto: la ciberseguridad no puede quedarse en el plano institucional.
En una nación donde la digitalización avanza más rápido que la educación tecnológica, protegerse en línea se convierte en una habilidad indispensable para la vida cotidiana, que debe fortalecerse mediante políticas públicas para una mayor concientización social y evitar fraudes cibernéticos.
En este contexto, la prevención se vuelve esencial. Desconfiar de correos o alertas que suplantan la identidad de instituciones y generan mensajes de urgencia para solicitar datos personales, información que empresas consolidadas, como bancos o plataformas de comercio electrónico, no requieren por estos medios.
Además, no compartir datos personales en enlaces desconocidos, activar la verificación en dos pasos, que funciona como una segunda cerradura: aunque alguien tenga tu contraseña, no puede entrar sin esa confirmación adicional, y evitar el Wi-Fi público sin protección, son acciones básicas que pueden marcar la diferencia.
