Resumen

SOCIOLOGIZANDO Por CLAUDIO CIRIO ROMERO

En esta ocasión Claudio Cirio Romero aborda en esta ocasión el tema de la Uatx en tiempos de MORENA

Anticorrupción

El prefijo “anti” indica “opuesto o que lucha o previene contra algo”.  Hace falta, si se quiere ser serio, no solemne, acudir a la #Semántica de las palabras.    Hay quienes se molestan, porque es molesto, por observaciones como esta, ante el abuso del lenguaje, pero es necesario hacerlas.

Escribo esta reflexión ante la ola inusitada de apariciones políticas de colectivos que se dicen dispuestos a luchar contra la #Corrupción.  No desestimo los esfuerzos, más bien los celebro y hasta agradezco, pero siento que deben hacerse algunas precisiones al respecto.

Debido a que dentro de las llamadas reformas estructurales peñistas se planteó y se viene implementando, con muchas dificultades el pomposamente llamado Sistema Nacional Anticorrupción (#SNA), este lacerante tema en nuestro país, parece preocuparle a muchos, desde académicos, hasta ciudadanos comunes, pasando por activistas y ex militantes de partidos políticos.

De hecho, como lo reconoce Mauricio Merino, él como, quizá el spin doctor, más influyente del momento, desde el Centro de Investigación y Docencia Económica (#CIDE), como think tank, más que institución de educación superior; resulta ser el principal creador de la idea del dichoso SNA, al grado que políticos de diversos partidos le pidieron que encabezará el Comité de Participación Ciudadana.  Afortunadamente Merino ha optado por impulsar un movimiento desde abajo, desde la sociedad (#Nosotrxs se llama la iniciativa), para luchar por la plena democratización del país, impulsando que las personas conozcan, ejerzan y defiendan sus derechos.

El tema es importante, coyunturalmente hablando, porque se tienen ya sólo tres semanas para que venza el plazo de homologación en la leyes de las entidades federativas, para la implementación de los Sistemas Locales de Anticorrupción (#SLA).  En Tlaxcala el trámite se ha cumplido.

Todo un entramado de leyes e #InstanciasBurocráticas (en el sentido de cuerpos de profesionistas especializados) para combatir un fenómeno político que, en su cara más vista, desangra el erario público en perjuicio de la sociedad.  Fenómeno denominado #Corrupción.

Término que de tan manoseado ya poco nos dice sobre lo que realmente es.  Quizá el mayor daño causado por el trasiego semántico esté en la equivocada idea de que todos somos corruptos en cierto grado.  Nunca falla a la cita el lugar común al respecto, de que la evidencia es que uno da “mordida” al agente de tránsito.

Este ambiente de confusiones ha sido alimentado, desde la Convención de Naciones Unidas Contra la Corrupción, hasta por cualquier político de profesión improvisado.  Aquella ha pintado, en palabras de su entonces Secretario General, Kofi A. Annan (2003), a la corrupción como un monstruo etéreo: “La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana.”

Cuando la corrupción es algo más sencillo, no simple, de entender.  Primero si la ubicamos como una conducta negativa de quienes ocupan un espacio de #Poder, principalmente público (aunque también se da en la esfera privada).  Es decir que corruptos sólo pueden ser esas personas, las demás, con las que interactúan, como los empresarios por ejemplo, pueden contribuir a la corrupción, pero en estricto no pueden ser calificados de esa manera.  Y segundo si tenemos claro que la corrupción es básicamente el aprovechamiento en beneficio propio, personal, del ejercicio del cargo.

Sin embargo, como todo en la sociedad, la corrupción es #Compleja en cuanto a sus causas y efectos.  Es decir a, por un lado, si las condiciones sociales, políticas y económicas son propicias para que florezca y se reproduzca; y por el otro los daños concretos que genera, sobre todo cuando su dimensión puede llegar a ser incontrolable.

No soy partidario de que el SNA o sus réplicas locales sean la vía para combatir eficazmente la corrupción, pienso más bien que contribuirán a un mayor ambiente de frustración, sin embargo apoyo lo que desde ahí se pueda hacer.

Soy más bien radical y quizá #Utópico al señalar que la única verdadera solución es #Generacional.  O sea que tiene que ver con educar a nuestros niños y tal vez motivar a nuestros jóvenes a un comportamiento diametralmente distinto al imperante de que, dice la máxima priista, el que no tranza avanza.

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