Profeta en su tierra: José Luis Angelino dice adiós a los ruedos con un triunfo inobjetable y el corte de tres orejas
Una despedida de profunda significación taurina protagonizó José Luis Angelino, durante la primera corrida de la Feria de Tlaxcala. Celebrada ante un lleno en la plaza Jorge “El Ranchero” Aguilar. El diestro de Apizaco rubricó el último capítulo de su trayectoria como matador de toros con el corte de tres orejas y una salida a hombros, tras una tarde en la que conjugó oficio, inspiración y una entrega que encontró su mayor expresión frente a “Pulques”, de Las Huertas.
La corrida reunió también a Diego Silveti y al sevillano Juan Ortega, quienes dejaron momentos de notable contenido artístico frente a un encierro de Las Huertas de comportamiento desigual.
José Luis Angelino abrió su actuación con “Gallo Viejo”, número 221, de 505 kilos, un toro emotivo de salida, aunque con tendencia a ceñirse por el pitón derecho. El tlaxcalteca lo recibió a pies juntos y después del puyazo de Pedro López, ejecutó un ajustado quite por chicuelinas en los medios. Cubrió personalmente el segundo tercio y brindó la faena a su madre. Con la muleta encontró pronto el sitio y aprovechó la transmisión del ejemplar para construir series de buen trazo por ambos pitones, que tuvieron eco en los tendidos. Media estocada, ligeramente contraria, le permitió cortar la primera oreja de la tarde.
La culminación llegó con “Pulques”, número 206, de 490 kilos, el último toro de su vida como matador. Angelino lo recibió con una larga cambiada de rodillas junto a las tablas y posteriormente dibujó verónicas de acusada personalidad. Tras un breve encuentro con el caballo de Moisés López, ejecutó un quite por mandiles que encendió los tendidos.
El brindis tuvo como destinataria a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. La faena comenzó con doblones de mando, enseñando al toro el recorrido y sometiendo progresivamente su embestida. Por el pitón derecho surgieron muletazos de notable dimensión, mientras el ejemplar, lejos de agotarse, desarrolló mayor entrega y recorrido. Al compás de “Las golondrinas”, Angelino alcanzó los pasajes de mayor intensidad, toreando con reposo, profundidad y una expresión especialmente sentida. Una estocada entera coronó su despedida, premiada con dos orejas. “Pulques” recibió los honores de la vuelta al ruedo en el arrastre.
Diego Silveti sorteó en primer término a “Piedra Negra”, número 220, de 440 kilos, que acusó cierta aspereza inicial, aunque mostró raza y empujó con fuerza en el caballo. El guanajuatense lo saludó con verónicas ajustadas y ejecutó un quite por gaoneras en los medios.
Silveti inició su labor muleteril con estatuarios de bella factura y consiguió series de calidad ante un toro que terminó buscando el refugio de las tablas. Dos pinchazos y una estocada tendida dejaron su actuación en palmas.
Con “Trianero”, número 209, de 475 kilos, encontró mayores posibilidades. El toro, de escasa entrega en los primeros tercios, desarrolló una embestida de creciente emotividad y recorrido durante la faena. Después de brindar al maestro César Rincón, Silveti aprovechó especialmente el pitón izquierdo para instrumentar naturales de notable calidad. Cuando el ejemplar buscó las tablas, el diestro mantuvo la disposición y cerró con una tanda de luquesinas de gran conexión con el público. La espada impidió un premio mayor y saludó una ovación en los medios.
Juan Ortega, compareció primero ante “Saleroso”, número 189, de 506 kilos, al que recibió con la suavidad y cadencia características de su expresión capotera. Después del puyazo , ejecutó un quite por mandiles, mientras Héctor García destacó con las banderillas y saludó en el tercio. El sevillano brindó al público y comenzó la faena flexionando las rodillas, acompañando las embestidas con cintura y pecho. A fuerza de paciencia consiguió sus mejores momentos por el derecho, aunque el toro tendía a descomponer el final del muletazo, saliendo con la cara alta. Tras escuchar un aviso y utilizar el descabello, recibió palmas.
Cerró plaza con “Brujo de Apizaco”, número 195, de 503 kilos, al que toreó de capa con soltura de brazos y acusado sentimiento. Comenzó la faena de rodillas y posteriormente estructuró por el pitón derecho series de suavidad y temple. Sin embargo, el toro protestaba al rematar las embestidas y fue perdiendo recorrido. Durante una tanda al natural, Ortega sufrió una voltereta, afortunadamente sin consecuencias. El ejemplar terminó agarrándose al piso y la faena perdió continuidad. Dos pinchazos y una estocada precedieron a las palmas de despedida.
La tarde tuvo su desenlace de mayor relevancia en la despedida de José Luis Angelino, quien encontró en “Pulques” la embestida propicia para cerrar su trayectoria en los ruedos con una faena de especial dimensión artística y emotiva, ante una afición que lo acompañó hasta su última salida a hombros.
