Crónicas de Yauhquemehcan: Jesús Crucificado y del Santo Entierro: otra maravilla del arte sacro de Yauhquemehcan
David Chamorro Zarco, Cronista Municipal
Tlaxcala, Tlax; 01 de abril de 2026 (Redacción). – No se puede dejar de reconocer la grandeza artística de los pueblos mesoamericanos, en la conformación de diversas obras que aún hoy nos llenan de admiración y orgullo; pero tampoco puede negarse que la presencia de las técnicas, materiales, herramientas y tendencias que se introdujeron con la presencia española, no hayan contribuido a la mejora sensible de los artesanos y artistas locales para alcanzar alturas que bien podrían ser calificadas de inigualables.
Los frailes franciscanos tuvieron el atino de enseñar no solamente el contenido de los evangelios y la esencia de la religión católica, sino de permitir que niñas, niños y jóvenes pudieran desarrollar sus talentos dentro de las instalaciones de las escuelas de artes y oficios, al grado de ir escalando en los grados de aprendiz, oficial y maestro en diferentes actividades, lo mismo en el diseño y la construcción de edificios, en la confección, reparación y ejecución de instrumentos musicales, en el trazo y terminado de pinturas sobre óleo, o en la proyección y ejecución de esculturas con diversos motivos, primordialmente con temas sacros.
En concreto, lo que hicieron los maestros escultores durante todo el período virreinal, utilizando diversos materiales como la madera o la pasta de caña de maíz, tuvo como producto la elaboración de esculturas que, además de garantizar la longevidad de su existencia, poseen acabados verdaderamente admirables, siempre lo más cercanos posible al realismo, con el fin de contribuir a que la feligresía se conmoviera y afianzara su fe y su devoción en las prácticas religiosas.
Ya en otro artículo de esta serie se ha hablado acerca de las particularidades de las esculturas producidas durante la época virreinal, primordialmente aquellas que son conocidas por sus características móviles o articuladas, que les permiten estar en diversas posiciones, de acuerdo a los momentos que deseen representarse. Hoy quiero relatar los detalles que se vivieron el día de ayer, 31 de marzo, en el interior del templo de la parroquia de San Dionisio Yauhquemehcan, en el marco de la capacitación que tuvieron una decena de jóvenes adolescentes, a los que se conoce con el término genérico de «Los Varones», y que tendrán la misión esencial de hacer el descenso de la imagen del Cristo crucificado el Viernes Santo para colocarlo en la urna, que en términos generales se conoce como «El Santo Entierro». Aprovecho nuevamente la ocasión para externar mi agradecimiento tanto a la Mayordomía del Señor, como a mi muy querido amigo Chucho Cabrera.
Con extraordinario cuidado y gran respeto, quienes tienen el encargo de fungir como «Los Varones», hicieron descender la urna del «Santo Entierro», que se encuentra empotrada en uno de los muros laterales del templo, depositándolo con gran delicadeza en el piso. A continuación, con la guía del señor Jesús Nabor Cabrera, todos los presentes se pusieron de rodillas, a efecto de hacer algunas oraciones, y de pedir permiso a Nuestro Señor Jesucristo, para poder hacer los movimientos de la imagen que lo representaba. La oración estuvo acompañada de algunos pedimentos o rogaciones particulares de los jóvenes, entre las que destacó la del eterno descanso de las Benditas Ánimas del Santo Purgatorio, la de solicitar salud para los enfermos y la de pedir porque las familias no sean presa de la inseguridad. La voz del señor Jesús Cabrera se escuchó realmente conmovedora cuando pidió a Nuestro Señor que guiara el camino de los jóvenes presentes, y que no permitiera, de ningún modo, que alguno de ellos se alejara del camino del bien.
A continuación, se procedió a la colocación de la Cruz sobre el área del presbiterio, para lo cual se descubrió una horadación que se tiene ex profeso para sostener el madero, y se le aseguró con cuñas de madera especialmente diseñadas, de suerte que no se corra el riesgo de que la cruz tenga ningún tipo de movimiento. Posteriormente, los jóvenes procedieron a tomar la urna del «Santo Entierro» y lo trasladaron hasta el pie de la Cruz. allí nuevamente arrodillados, con todas las reverencia que el caso amerita, retiraron la tapa de la urna para luego proceder, previamente ataviados con guantes de algodón, a hacer el cuidadoso acto de limpieza de la imagen de Jesús que yacía inerte en el interior. Cuando terminaron con esta actividad, todos los guantes fueron acopiados, para posteriormente ser incinerados, de suerte que lo que tocó la imagen considerada sagrada no fuera a terminar en la bolsa de la basura común.
El siguiente paso consistió en preparar un cendal, es decir, un largo lienzo blanco de unos 80 centímetros de ancho y unos 10 metros de largo. teniendo el cuidado de que en ningún momento esta pieza tocara el piso. Los jóvenes le doblaron por lo ancho en cuatro dobleces, y posteriormente fueron retrayéndolo con dobleces regulares de aproximadamente un metro. Esta pieza se colocó por la espalda de la imagen sagrada, y los extremos por debajo de cada uno de los brazos; de esta manera, cuando todo estuvo preparado, dos de los jóvenes desde lo alto de una escalera de tijera tomaron los extremos del cendal y con extraordinario cuidado y respeto fueron tirando del lienzo, haciendo que poco a poco la imagen de Jesús fuera ascendiendo, siempre bajo el cuidado extremo de los otros jóvenes que, ataviados también con lienzos blancos, equilibraban el movimiento, de suerte que en ningún momento una mano desnuda tocó la imagen venerada.
Cuando la escultura se encontraba ya a la altura deseada, se procedió a fijarla, primero en los pies, utilizando un clavo metálico especial de unos 20 centímetros de largo, debidamente ataviado en ambos extremos por almohadillas de algodón, con la intención de evitar el toque, roce y desgaste de la imagen; otro tanto se hizo con ambas manos extendidas y, para rematar el aseguramiento, de la parte de la cintura, la imagen fue fijada también por un cendal o lienzo blanco, que contribuye a la mejor distribución del peso y el equilibrio. De este modo quedó la imagen en posición del Cristo crucificado.
Destaca el hecho de que la imagen tenga movilidad en algunas articulaciones, principalmente en las rodillas (lo que facilita el acomodo de un pie sobre el otro para la introducción del clavo), en los hombros y en los codos (lo que permite la extensión o contracción de los brazos), al tiempo que se notan algunos pliegues que simulan la piel debajo de los hombros y también en el cuello, lo que permite que cuando se asume la posición de Jesús crucificado, el peso de la cabeza hace que, por gravedad, esta se incline, dando la impresión de que se encuentra ya inerte o muerto.
Como última actividad de este ejercicio, se procedió a la fijación de la corona de espinas y también del letrero «INRI», colocado en la parte superior de la Cruz.
Una vez hecho esto, los jóvenes que tendrán la misión de representar a «Los Varones» el próximo Viernes Santo, en recuerdo de la acción que realizó José de Arimatea, realizaron el procedimiento inverso, es decir, descender con extraordinario cuidado la imagen de Jesús, retirando los clavos y desatando el cendal o lienzo de su cintura, para bajarlo con gran precisión hasta colocarlo nuevamente dentro de la urna del «Santo Entierro», imponer nuevamente la tapa y retirarlo del lugar.
El próximo Viernes Santo, debido a la gran cantidad de personas que se reunirán con motivo de la realización del viacrucis, las predicaciones y oficios complementarios, no será posible llevar a cabo las actividades dentro del templo, por lo que se habilitará el atrio para recibir a la feligresía. En consecuencia, «Los Varones» deberán realizar la actividad ya descrita en el exterior del templo.
Por supuesto que la imagen de Jesús crucificado y posteriormente inerte en el «Santo Entierro» tiene una belleza artística inconmensurable. Seguramente la pieza procede del último tercio del siglo XVIII, pero lo más importante es que es el centro de fe y la devoción de miles de personas que le reconocen como un vehículo para poder demostrar su arrepentimiento, su fe, su caridad y que es el centro de atención de muchas generaciones. Por encima de los elementos físicos o estéticos, esta imagen sacra se convierte en el centro de todo un pueblo que busca, lo mismo que las generaciones anteriores, consuelo, perdón y esperanza.
