CÍRCULO ANALÍTICO Por ALEJANDRO FRANCISCO GUTIÉRREZ CARMONA - Linea de Contraste

CÍRCULO ANALÍTICO Por ALEJANDRO FRANCISCO GUTIÉRREZ CARMONA

El dispositivo discursivo

A partir del llamado “giro lingüístico”, autores como: Richard Rorty, Michel Foucault, Jacques Derrida, entre otros, teorizaron en sus investigaciones la importancia que cobraba el lenguaje en la determinación de las conductas humanas. Utilizaron al lenguaje como una herramienta que es esgrimida para configurar ciertos dispositivos sociales, de esta forma, para Foucault, los dispositivos constituirán a los sujetos inscribiendo en sus cuerpos un modo y forma de ser.

            En efecto, el lenguaje juega su papel político, económico y social, ya que es una herramienta que nutre a la ideología de una determinada clase social. Hoy en día, el lenguaje que utiliza la clase en el poder le ha servido para disfrazar las problemáticas sociales más apremiantes, por ejemplo, ahora le llaman revoluciones de colores a los colectivos que se encargan de luchar en contra de los jefes políticos autoritarios. Este nuevo mecanismo de lucha difunde, a partir de los medios de comunicación, que se debe de castigar a los gobiernos autoritarios, ridiculizando e incluso calumniando a determinados gobiernos que no son afines al sistema capitalista, es decir, a los mandatarios que se han insubordinado.

            El dispositivo discursivo ingresa en la mente de los seres humanos y los determina para ejercer un tipo de conducta en la sociedad. Estos dispositivos funcionan como recetarios para adquirir prácticas sociales; pondré dos ejemplos radicalmente opuestos pero que en ambos funciona el dispositivo discursivo. El primer ejemplo tiene que ver con el dispositivo de conducta del intelectual, muchos intelectuales adquieren patrones de comportamiento que hacen que se diferencien de los demás; los intelectuales suelen ir a las librerías, cafeterías, museos, teatros, seminarios, conferencias, ferias de libro, etc. Estos lugares conforman la industria cultural, es decir, que el intelectual es un cliente predilecto para este tipo de espacios donde se venden mercancías o servicios. Por lo regular, el intelectual no se siente igual a los demás porque él ha ido a la universidad y a veces se ha vuelto coleccionista de títulos. Pero, su conducta está directamente ligada a un determinado tipo de dispositivo discursivo que le inculcaron en su formación educativa, esencialmente en la academia. En las cafeterías, el intelectual puede hablar de todo y ser una especie de jurado de lo que acontece en la sociedad, puede opinar de política y ser el más acérrimo crítico de algún tipo de gobierno, levantando su tasa de café y fumando su cigarrillo siente que lo que él dice es la verdad absoluta, sin embargo, muchos de los intelectuales no pueden incursionar directamente en la política debido a su conducta, creen que son los dueños de la objetividad, cuando es puramente subjetivo lo que realizan. Entre ellos se crean círculos de amistad y los cuerpos académicos se convierten en células donde entre ellos hacen sus presentaciones de libros. El intelectual también es producto de un dispositivo discursivo que adquirieron en la academia, no son seres superiores aunque ellos lo piensen, al contrario, son muy frágiles, porque muy pocos se atreven a incursionar en el poder político y económico.

El segundo ejemplo es el de un obrero, su vida es más triste, ya que ellos viven sin cuestionarse el porqué de su situación. Sirven como un instrumento más al capitalista que lo explota sacándole el plusvalor de su trabajo.  Cuando el capitalista ve que su rendimiento productivo va disminuyendo no tendrá ningún reparo en correrlo de su fábrica. Los obreros sólo cuentan con su fuerza productiva para sobrevivir, al estar frustrados, recurren a los espacios de ocio como: los bailes, cantinas, futbol, salidas al parque con los amigos o con la familia, etc.

            El obrero y el intelectual están regidos por dispositivos discursivos, pero también por una clara división del trabajo, mientras unos desgastan su energía mental los otros desgastan su energía física, sin embargo, los dos sujetos son producto de los dispositivos discursivos que emite la clase dominante. El intelectual debe ser más responsable con su compromiso social y debe ayudar a educar a la clase obrera sí es que tiene un compromiso verdadero con el conocimiento científico y el obrero debe acercarse más a la gente que lo pueda educar para que le ayude a ser consciente de su existencia, el gran problema es que están separados por la división de trabajo que entabló la clase dominante, pero ambos deben ir de la mano para que trasformen este modo de producción capitalista a uno más justo y equitativo.

Doctor en Historiografía en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco

Rector de la Universidad de Ciencias y Artes del Potosí (UCAP)

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